Opinión

El tiempo

DESDE LA CONFRATERNIDAD

  • Desde la confraternidad

Por José Humberto Choza Gaxiola

-

Desde hace unos años para acá. En mi vida, he adoptado, la costumbre por tener más atención sobre la utilización de mi tiempo. Primero me pregunté y después investigué: ¿Cuánto tiempo es el promedio, de forma general, que vive el humano actualmente? La respuesta que encontré es: cuatro mil semanas.

Evidentemente, esta cifra es aproximada, y también está clasificada como “promedio”.  Además, encontré que la señora Jeanne Calment, una mujer francesa, al momento de su muerte, en 1997, se comprobó que tenía ciento veintidós años, la cual se convirtió en la persona, con más edad de la que se tiene noticia.

Además, encontré que existe una paradoja muy palpable pero no tan conocida: Los filósofos de la antigua Grecia, han considerado que “la brevedad de la vida es el problema que define la existencia humana”: se nos ha concedido la capacidad mental de elaborar planes infinitamente ambiciosos, pero no el tiempo suficiente para ponerlos en práctica.

“Ese tiempo concedido se nos pasa tan rápido y veloz que, exceptuando a muy pocos, al resto abandona la vida, durante los propios preparativos de la vida”, se lamenta Seneca.

De todo lo anteriormente escrito es posible desprender que “la gestión del tiempo”, en términos amplios, debería ser nuestra principal preocupación. Podría decirse que la vida no es más gestionar tiempo. Y, aun así, la disciplina moderna conocida como “gestión del tiempo” y su pariente de moda, la productividad, es más bien deprimente y cortoplacista, y está orientada a hacer la mayor cantidad de trabajo posible o descubrir la perfecta rutina matinal o cocinar todas las comidas de la semana los domingos.

Sin duda, lo anterior no es lo único que importa. El universo está lleno de maravillas, pero pocas personas dedicadas al manejo de la productividad parecen darse cuenta de que el objetivo principal de nuestra actividad frenética debería ser disfrutar más esas maravillas.

El mundo, además, parece estar yéndose al garete --nuestra vida como ciudadanos es una locura, una pandemia ha paralizado a la sociedad, y el planeta se calienta cada vez más--, sin embargo no es fácil encontrar un sistema de gestión de tiempo que permita dedicarse, de forma productiva, a actividades que involucren a conciudadanos, o que traten asuntos relacionados con las situaciones del mundo o con el medio ambiente.

Desde luego. No hay nadie que no sea consciente, en cierto modo, de que no hay tiempo para todo. Vivimos obsesionados con nuestras “bandejas de entrada” desbordadas de emaisl, y nuestras cada vez más largas listas de tareas pendientes sintiéndonos cada vez más culpables por no estar haciendo más, o por no estar haciendo otras cosas o por ambas sensaciones a la vez.

Ya para terminar, me he encontrado con una enloquecedora verdad sobre el tiempo, esa que suelen olvidar la mayoría de los que dan consejos sobre cómo gestionarlo. Es como un niño revoltoso: cuando más tratas de dominarlo, de hacer que se adapte a las circunstancias, más se escapa a tu control.

Piensa en toda la tecnología destinada a ayudarte a ganarle la partida al tiempo: según cualquier lógica sensata en un mundo con lavaplatos, microondas y motores de reacción el tiempo parecería más vasto y abundante, gracias a todas las horas que han quedado libres. Pero nadie lo vive así. De hecho la vida se acelera más y personas nos hacemos más impacientes. Por algún motivo, nos saca más de quicio esperar dos minutos al microondas que dos horas al horno.

Síguenos en

Temas

  • Desde la confraternidad