Opinión

Como doy, así recibo

LA VOZ DEL PAPA

Por  José Martínez Colín

Para saber. Un guerrero con un pasado turbio, pero arrepentido, le preguntó a un monje si Dios lo perdonaría. El religioso le preguntó: “Si tu túnica está rasgada, ¿la tiras?” Le respondió: “No, la coso y vuelvo a ponérmela”. El monje concluyó: “Así, si tú cuidas de un vestido, ¿Dios no va a cuidar a su hijo?”. Dios nos perdona primero y después nos pide que perdonemos. El papa Francisco reflexionó sobre la quinta bienaventuranza: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos hallarán misericordia” (Mt 5, 7). Y es que la misericordia es el centro de la vida cristiana: no hay cristianismo sin ella, pues es fruto de la caridad. “¡La misericordia es el corazón mismo de Dios!”, señaló el Papa.

Para pensar. A santa Faustina Kowalska, religiosa del siglo XX, le confió Jesús difundir la devoción a la misericordia de su sacratísimo corazón. Ella relata: “Por la tarde… vi al señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada con el gesto de bendición y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho”. De su corazón abierto, por la lanza en la cruz, salían dos rayos: uno blanco, el agua que purifica, y otro rojo, la sangre que es vida. Jesús le pidió que se pintara su imagen, poniendo debajo: ‘Jesús, en vos confío’, para ser venerada por todos. Y le dijo: “Te envío a toda la humanidad… No quiero castigar a la humanidad llena de dolor, sino sanarla estrechándola contra mi corazón misericordioso”. Juan Pablo II instituyó la Fiesta de la Misericordia el primer domingo después de Pascua.

Para vivir. En esta bienaventuranza coincide lo que se nos pide con lo prometido: Quienes ejercen misericordia encontrarán misericordia. Nuestro señor nos enseñó: para ser perdonados, debemos perdonar. Y todos necesitamos ser perdonados. 

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y entérate de todo