Opinión

Nuestros Getsemanís

LA VOZ DEL PAPA

Por  José Martínez Colín

Para saber. El Papa Francisco nos invita a imitar a Jesús en su oración. Recordó cómo Jesús, después de la Última Cena, entró en el huerto de Getsemaní. Experimentó toda la angustia por lo que le esperaba: traición, desprecio, sufrimiento, soledad, la muerte… y oró al Padre. Ante esa gran tribulación, Jesús se dirigió al Padre con la palabra más tierna y dulce: “Abbá”, o sea, papá. Jesús nos enseña a abrazar al Padre, porque en Él está la fuerza para seguir adelante en el dolor y fatiga. La oración es confianza y consuelo.    

Para pensar. Nuestros Getsemanís son los momentos de dificultad en que hemos de acudir confiadamente a nuestro Padre Dios, como Jesús. Hace años, en la sierra de los Andes, un sacerdote atendía comunidades muy distanciadas, donde solo se pueden cruzar barrancos a caballo. Un día se perdió, pero se encomendó a su ángel de la guarda y dejó que el caballo siguiera su instinto. La noche se venía encima y la temperatura bajaba, pero de repente vislumbró una débil luz. Era una pequeña choza. Salió un indígena, y el sacerdote se disculpó: “Perdón, estoy perdido…” Al indígena le brillaron los ojos e interrumpió: “No andas perdido, padrecito. Es la Divina Providencia quien te trae. Mi mamacita hace días que no para de rezar a nuestro Padre Dios para que vinieras. Está muy malita; entra”. Adentro yacía agonizante. La confesó y la acompañó hasta que falleció. Lo último que la mujer dijo, fue: “El Papacito Lindo me ha escuchado” (cfr. Valero, Yauyos). Dios Padre siempre nos escucha, pero ¿acudimos a Él?        

Para vivir. Comenta el Papa Francisco que cuando estamos en nuestro Getsemaní, nos encerramos en nosotros mismos, y quedamos en la soledad sin salidas, en lugar de decir “Padre” y confiarnos a Él.