Opinión

Culiacán, ciudad sin ley

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

Uno de los rasgos fundamentales que distingue a las sociedades modernas de las antiguas civilizaciones es, sin duda, que las actuales se rigen por un “Estado de Derecho”.

El “Estado de Derecho” se define como: “Aquel principio de gobernanza por el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se promulgan públicamente y se hacen cumplir por igual, y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos”. Las instituciones políticas regidas por el referido principio garantizan en su ejercicio la primacía e igualdad ante la ley.

En México, el “Estado de Derecho” está previsto en la Constitución Federal, en las leyes del Congreso de la Unión y todos los tratados internacionales que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el presidente de la República, con aprobación del Senado.

Por el “Estado de Derecho”, las instituciones deberían garantizar, de forma efectiva, “la seguridad e integridad personal” de todos los individuos sometidos a su protección. Sin embargo, en nuestro país, ello se siente como una mera ilusión, pues la violencia generada, principalmente, por la delincuencia organizada, claramente desafía y echa por la borda esa idea, al parecer utópica, de salvaguarda.

Ayer, se vivió en Culiacán uno de los sucesos más violentos de su historia, en la cual, la ciudad capital de Sinaloa (sede de los tres poderes estatales), se vio sitiada por el enfrentamiento con criminales fuertemente armados, provocando un miedo exacerbado y la histeria colectiva de toda la población.

El enfrentamiento, que duró varias horas (hasta este momento sin confirmación oficial de tiempo y número de víctimas), dejó claro dos cosas. Primero: El gran tamaño y los considerables recursos con los que cuenta el crimen organizado en Sinaloa, y segundo: la total incapacidad de nuestras instituciones para hacerle frente.

Es urgente, indispensable e inaplazable que nuestras instituciones cuenten con los recursos, elementos y materiales necesarios para combatir y abatir la inseguridad. Nuestros organismos gubernamentales no pueden, ni deben, seguir siendo reos y víctimas de la delincuencia organizada.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado, pero sobre todo de utilidad. ¡Hasta la próxima!

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo