Opinión

El derecho y el vino

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

El vino es una bebida obtenida de la uva mediante la fermentación de su zumo.

Se le ha definido también como bebida alimenticia, hecha con el jugo fermentado de la uva.

Desde tiempos inmemoriales, la uva, y luego el vino, han estado presentes en la alimentación del ser humano.

La Biblia muestra la relevancia que para la humanidad ha tenido el vino en la tradición cristiana durante más de dos mil años, en la consagración de la misa durante la celebración de la eucaristía.

En las regiones en donde la vid crecía con facilidad, y de donde se tienen los primeros registros de la producción y consumo de vino, fue en Canaán, después en Grecia y en Roma.

La aparición de una amplia gama de creencias y rituales alrededor del cultivo de la vid y de la elaboración del vino se atribuyen a la necesidad social de asegurar la fertilidad continuada de la tierra para poder reproducirse, ya que la característica de esta planta es que en invierno pareciera morir, para renacer con todo su esplendor en primavera.

México tiene una tradición vitivinícola centenaria. Hernán Cortés fue el promotor del cultivo de la vid en los territorios americanos continentales. De manera que los primeros viñedos se asentaron en terrenos de los actuales estados de Puebla, Michoacán, Guanajuato y Oaxaca, y años después los primeros misioneros extendieron su cultivo al norte del país, encontrando tierra fértil en Baja California y Coahuila.

La primera bodega de América, que hasta hoy sigue produciendo vinos de calidad, es Casa Madero, fundada en Parras, Coahuila, en 1597.

No obstante que nuestro país cuenta con una rica y antigua tradición vinícola, no había sido esta actividad formalmente regulada, sino hasta apenas el pasado 23 de mayo de 2018, con la publicación de la Ley de Fomento a la Industria Vitivinícola, legislación que establece el primer marco regulatorio para el impulso, fomento, promoción y difusión de las actividades relacionadas al sector vinícola en México.

Esta ley tiene como propósitos estratégicos y fundamentales: el fomentar y estimular el crecimiento económico de la actividad vitivinícola en territorio mexicano, generando las condiciones favorables para el impulso de la inversión, así como acceso a fuentes de financiamiento y apoyos para la iniciativa privada, en pro del fortalecimiento de la competitividad de los vinos nacionales.

Sin embargo, la actual política recaudatoria en nuestro país representa un obstáculo para el crecimiento y desarrollo de la industria vinícola, principalmente en lo relacionado al impuesto especial sobre producción y servicios IEPS que se genera, entre otros, por la producción y venta de bebidas alcohólicas, cuya tasas gravables van desde un 26.5 por ciento hasta a más del 50 por ciento, lo que podría llegar a representar una arbitrariedad, ya que el vino, no obstante contener alcohol, también se trata de una bebida alimenticia, la cual no puede tener una carga tributaria excesiva.

Otro factor que también frena el adecuado desarrollo y crecimiento de la industria vinícola es la falta de denominación de origen de los vinos mexicanos.

La “denominación de origen” es un certificado legal de carácter internacional que protege y tutela la tipicidad y calidad de un producto alimenticio o artesanía en una región determinada.

Los vinos mexicanos cuentan con la calidad y estándares de producción suficientes para ser competitivos a nivel internacional, solo requieren de políticas públicas y económicas adecuadas, debidamente reglamentadas, para su consolidación definitiva en el mercado nacional y mundial.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima!