Opinión

La dimensión humana de la abogacía

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

Cuántas veces ha sucedido que a los abogados nos da la sensación de que estamos ejerciendo más la profesión de psicólogos que la de las leyes, sobre todo aquellos que trabajan en las áreas penal y familiar, aunque las demás ramas, como la civil, mercantil, administrativa y fiscal tampoco se salvan, pues no solo la privación de la libertad y los conflictos que involucran divorcios e hijos causan estragos emocionales en las personas, sino también lo hacen el correr el riesgo de perder todo su patrimonio, o la casa en la que viven, por poner algunos ejemplos.

En la dimensión de lo jurídico se viven día a día emociones y sentimientos, ello debido a que detrás de lo legal hay personas, con deseos y esperanzas que quieren ver realizadas.

Entender esta parte es de fundamental trascendencia para el abogado, pues solo cuando comprende que puede tener en sus manos el futuro y la vida de sus clientes es cuando puede ser capaz de dimensionar el gran compromiso que recae sobre sus hombros, de ahí que deba hacer lo posible, hasta el cansancio y con todas sus fuerzas, su inteligencia, habilidad y experiencia, para sacar adelante y a salvo del problema a quienes depositaron su confianza en él.

Los abogados se han caracterizado por un dominio del conocimiento técnico jurídico, por lo que la capacidad de estudio y análisis ha sido esencial en su desarrollo profesional, sin embargo, el abogado tradicional ha despreciado, si no es que marginado, todo lo relativo a la gestión de las emociones, de manera que las habilidades intelectuales han prevalecido en detrimento de las habilidades emocionales.

En la práctica profesional, el abogado nunca debe olvidar que está tratando con personas, por lo que sus acciones siempre deben estar dirigidas a buscar el bienestar de estas.

El ejercicio de la abogacía implica trabajar con terceras personas, interactuamos diariamente con clientes, compañeros de profesión, funcionarios judiciales, etc., por lo que el abogado está obligado a desarrollar aquellas competencias y habilidades que faciliten su desenvolvimiento en este contexto, con el fin de ser más eficaz, permitiéndoles saber identificar los valores y necesidades de los clientes y responder a los mismos adecuadamente, logrando así que la toma de decisiones sea más segura y fiable, y los resultados que se obtengan más satisfactorios.

En ocasiones el abogado se enfoca tanto en ser el ganador a toda costa, que pierde de vista si ello resulta en realidad en un beneficio para el cliente.

Para el abogado es fundamental desarrollar la capacidad de comprender e identificar las emociones de sus clientes, pues solo de esa manera podrá dar el servicio que él en realidad requiere.

Por tanto, el abogado tiene ante sí una doble obligación, velar por los intereses legales de su cliente desde el punto de vista jurídico y, además, desde el punto de vista personal, buscando siempre lo que más le beneficie a este.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima!