Opinión

La nueva normalidad en el derecho

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

Aspectos de una sesión de trabajo virtual(Foto: EFE)

Aspectos de una sesión de trabajo virtual | Foto: EFE

La terrible pandemia en la que nos encontramos vino a cambiar sustancialmente nuestra realidad, al grado que, cuando queramos volver a ella, la veremos transformada. Esto ya sucedió, nos guste o no. Nuestra realidad ya cambió.

De manera tal que, cosas que en nuestra vida cotidiana, a las que dábamos poca o nada de importancia, ahora son de la mayor relevancia; tales como, no entrar con calzado al interior de la casa, guardar una distancia prudente en relación con las demás personas, desinfectar las bolsas y empaques del mandado, entre muchas más medidas, las cuales llegaron para quedarse.

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Los cambios de nuestra nueva normalidad, como la ha llamado el Gobierno federal, también se dejará sentir en nuestros trabajos, desde la implementación de medidas de higiene y sanitización, hasta en la forma y la mecánica en que realizamos nuestra actividad laboral. Un ejemplo claro de ello es el mayor uso de los medios tecnológicos, sobre todo para reuniones a distancia con proveedores, clientes y equipos de trabajo.

 

El derecho no puede ser la excepción, también necesariamente tendrá que sufrir cambios y adaptarse a las nuevas necesidades que surgirán a raíz de las nuevas conductas y contextos en los que nos encontramos.

Se vislumbra un reordenamiento radical en las legislaciones, principalmente en las áreas del derecho a la salud, laboral y ambiental, lo cual representará un gran reto para esta ciencia.

Adicionalmente, esta nueva realidad implica un profundo cambio en la forma en que los despachos de abogados prestan sus servicios. Las prácticas que, apenas en febrero venían realizando los abogados como su forma habitual de trabajo, al día de hoy (escasos tres meses), ya quedaron obsoletas.

El trabajo a distancia, las audiencias de los juzgados que, muy probablemente serán ahora virtuales, las consultas de los clientes a través de medios tecnológicos, representan, para el abogado tradicional, un enorme cambio y todo un reto, al cual tendrá que adaptarse o desaparecer.

El nuevo abogado (el de la nueva realidad), debe ser un profesional más humano, más consciente de la importancia del cuidado del medio ambiente y de la salud, con un verdadero espíritu de servicio, así como de empatía y mayor involucramiento en los problemas de sus clientes, quienes deben dejar de ser vistos como meros consumidores, para ser considerados como verdaderos socios estratégicos, pues sólo sintiendo el abogado los problemas del cliente como propios, podrá dar un auténtico servicio digno, de calidad y de excelencia.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima!

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