Opinión

La satanización del lucro

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

La pobreza se concentra mayormente en zonas rurales con menos de 2 mil 500 habitantes.(Foto: El Debate)

La pobreza se concentra mayormente en zonas rurales con menos de 2 mil 500 habitantes. | Foto: El Debate

La doctrina del cristianismo, desde sus inicios, se esforzó por marcar una patente diferenciación con la ideología del judaísmo, distinción que se comprende necesaria para lograr su emancipación y autonomía como una religión diferente a aquella.

De tal forma que el Dios de los judíos es más temperamental, bélico y vengativo que el que se describe en el nuevo testamento, el cual abraza más el pensamiento bondadoso, comprensivo y de perdón de los pecados mediante el arrepentimiento sincero.

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El socorro a los pobres, necesitados y desvalidos se convirtió en el dogma que caracteriza y define al buen cristiano o católico y, por el contrario, el enriquecimiento y la acumulación de fortuna en la definición de maldad, egoísmo y codicia que identifica a los judíos.

Este modo de pensamiento permeó profundamente en la cultura occidental, a tal grado que, por mucho tiempo, durante la hegemonía de la Iglesia-Estado en los reinos de la edad media y ya entrados en el Renacimiento, eran castigados quienes se dedicaban a prestar dinero a cambio del pago de intereses, pues se consideraba un grave pecado. A ello se debe, en gran medida, que en aquellas culturas, como la judía, en las que no se ve mal la acumulación de riqueza, por mucho tiempo hayan dominado la actividad financiera mundial.

En la actualidad, en los países con políticas económicas de libre mercado, la obtención de lucro (ganancia generada por actividades mercantiles), no solo es permitida, sino que consiste en una real obligación para el Estado el alentarla y apoyarla. México no es la excepción, teniendo incluso elevado a rango constitucional el Derecho Humano al “crecimiento económico”, previsto en el artículo 25 de nuestra Carta Magna.

No obstante, en nuestro país, en la actualidad, un alto porcentaje de la población continúa santificando la pobreza y satanizando la riqueza, lo cual pone de manifiesto los remanentes de aquel pensamiento religioso, hasta cierto punto anacrónico, pero que se encuentra hondamente arraigado en nuestra idiosincrasia.

En un país con una avasallante mayoría de personas en situación de pobreza, necesidad y de católicos practicantes, el discurso político y populista que denosta y difama a las empresas por su capacidad de generar lucro, germina como semilla en campo fértil.

Pero no nos equivoquemos, las empresas no son el enemigo del pueblo, al contrario, son el motor que mueve al país, generan bienestar económico y satisfactores sin los cuales ningún sistema de Gobierno podría subsistir.

Como siempre un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima! 

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