Opinión

No hay límite de tiempo para demandar el pago de intereses moratorios

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

Una de las inquietudes más comunes que tenemos todos los que en algún momento hemos pedido un crédito es: ¿Qué pasaría en el supuesto de que, en algún momento, no podamos pagar la deuda? ¿Cuánto se incrementaría nuestra deuda? ¿Qué diferencia hay entre intereses normales e intereses moratorios?

Los contratos de créditos consisten en aquellos actos jurídicos por medio de los cuales un establecimiento bancario (regularmente, aunque también puede ser por medio de particulares), se obliga a entregar una cantidad de dinero al cliente (acreditado), quedando obligado este a pagarle al banco el dinero que le haya prestado, más los intereses que de común acuerdo hayan pactado.

La cantidad que resulte de la regulación de los intereses representa la ganancia del banco por el préstamo otorgado, los cuales no pueden ser excesivos, a riesgo de considerarlos usurarios, volviéndolos inconstitucionales y, por tanto, quedando sujetos a que, dentro de un proceso legal, un juez los disminuya.

De esta manera, el cliente tiene la certeza de cuál es la cantidad que periódicamente tendrá que pagar por el préstamo otorgado, la cual se integra por la cantidad prestada más los intereses generados. A estos intereses se les llaman “intereses normales u ordinarios”.

Ahora bien, en el evento de que el deudor incumpla con su obligación de pago (deje de pagar el crédito en el tiempo y forma pactados), se generará a su cargo, entre otras, la responsabilidad de pagar al banco una cantidad de dinero adicional a la suma pactada.

A esta cantidad de dinero adicional se le nombra “intereses moratorios”, en una clara alusión a que se genera debido a la mora o tardanza en el pago.

Sin embargo, dicha cantidad económica no guarda la naturaleza de “intereses”, sino más bien la de una sanción o castigo que se le impone al deudor por el incumplimiento de su obligación de pago.

El banco tendrá un plazo de tiempo determinado para ejercer la acción legal de cobro ante los tribunales competentes, y si no lo hace dentro de este, perderá su derecho a hacerlo con posterioridad. Por lo general, dicho plazo inicia a partir de que tiene lugar el incumplimiento de pago del deudor, y concluye dependiendo de la naturaleza jurídica del crédito o préstamo, pudiendo ser de hasta 10 años.

Lo que significa que, pasados los 10 años, en el evento de que el banco no haya demandado el pago del crédito, ya no podrá hacerlo, pues operará en su contra la “prescripción negativa” o pérdida del derecho a demandar.

Hasta hace poco, sin excepción, una vez concluido el plazo de tiempo que prevé la ley sin que el banco haya ejercitado la acción de cobro del crédito, este perdía la oportunidad de demandar y así recuperar la cantidad prestada y de cobrar los intereses normales y moratorios que se hubieran generado.

Sin embargo, la tesis de rubro: Intereses moratorios generados por la falta de pago de cuotas extraordinarias de mantenimiento. No opera la prescripción negativa en aquéllos, publicada en el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta el pasado viernes 12 de abril de este año, plantea la posibilidad de que no prescriba el derecho de cobro de “intereses moratorios”.

No obstante que la tesis se refiere expresamente a los intereses moratorios derivados de adeudos de cuotas de mantenimiento de condóminos, bien puede aplicar a los causados por la falta de pago de créditos, pues ambas situaciones guardan similitudes tales que hacen aplicables las mismas disposiciones legales.

El criterio mencionado dispone que, al ser los intereses moratorios una indemnización por el incumplimiento de la obligación de pago del préstamo, no participan de la característica de ser una obligación periódica, pues no constituyen parte de las prestaciones asumidas con motivo de la celebración del contrato, por lo que, respecto de dichos intereses deducidos del incumplimiento, no procede la prescripción negativa, dado que su existencia se vincula con el cumplimiento de la obligación principal, por lo que esta surge de la falta de cumplimiento de aquella.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima!