Opinión

El síndrome de doña Florinda

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

Doña Florinda, encarnada por Florinda Meza(Foto: Instagram / florinda_ch_meza_lovely)

Doña Florinda, encarnada por Florinda Meza | Foto: Instagram / florinda_ch_meza_lovely

Existe un sector de la población, de clase económica baja y media, que cuando logra elevar su estándar de vida, rápidamente manifiesta su menosprecio por el resto de sus semejantes y, en algunos casos, hasta le molesta la posibilidad de que estos tengan progresos.

Estos individuos, al mejorar su situación económica, suelen mudarse a vivir a lugares de mayor plusvalía, adquieren carros costosos y ropa cara y, por alguna razón, empiezan a realizar demostraciones externas de su riqueza, denostando a personas de bajos ingresos, tal y como estaban ellos anteriormente, mostrándoles desprecio y refiriéndose a ellos como nacos, pobres, hambrientos, chusma, ignorantes, etc.

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Desde el punto de vista de la sociología y el derecho, entender este tipo de comportamiento es de sumo interés e importancia, por obvias razones.

El escritor argentino Rafael Ton hace unos años realizó un ensayo muy interesante, en el cual toma como punto de partida los personajes de la serie televisiva de El Chavo del Ocho llevando a cabo una analogía sobre un sector de la clase media argentina, que bien puede aplicar a la de nuestro país. El autor indica que el personaje de doña Florinda se cree superior al resto de la vecindad, acusa de “chusma” a sus vecinos, pero la realidad es que parte de una falsa superioridad, generada por el hecho de que ella puede pagar la renta a tiempo, a diferencia de sus congéneres quienes tienen menos recursos, siempre se está quejando de vivir en la vecindad, pero no se muda.

Esa relación con su entorno y la forma de ver el exterior desde una situación de altanería, provoca resentimientos y descontento entre los demás, superioridad que es sustancialmente equívoca, pues no hay mucha diferencia entre ella y el resto de los residentes de la vecindad (ella tampoco es propietaria del inmueble que habita, ni tampoco cuenta con los recursos suficientes para mudarse a algo mejor).

Además, a doña Florinda no le parece bien que el Chavo, la Chilindrina o don Ramón progresen, de hecho, ella espera que suceda lo contrario, porque ante el ascenso de los demás, a quienes considera inferiores, ella se vería a sí misma minimizada.

El síndrome de doña Florinda se refiere a todas aquellas personas que, en principio, viven en una realidad distorsionada respecto a su identidad, estatus y orígenes, en el que se sienten poderosos y superiores, cuya exclusividad hegemónica quieren conservar a toda costa (de pertenecer a una clase privilegiada, aunque no sea más que un espejismo), por lo que no están dispuestos a permitir el acceso de personas a quienes clasifican como chusma.

Pero, sobre todo, este síndrome escenifica los graves problemas sociales que traen aparejados la confrontación que resulta cuando se hacen diferenciaciones injustificadas y falsas entre ricos y pobres, blancos y morenos, educados e iletrados, empresarios y trabajadores, etc., por el solo hecho de sus orígenes o nivel socioeconómico.

El respeto al Estado de derecho consiste, de manera fundamental, en la obediencia al derecho humano de igualdad, en base al cual las personas, independientemente de su origen, estatus, nivel económico, cultural, preferencias sexuales o creencias religiosas o políticas, tienen el mismo valor y, por tanto, deben ser tratadas con las mismas consideraciones por las leyes y las instituciones.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado, pero, sobre todo, de utilidad.

¡Hasta la próxima!

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