Opinión

¿Independencia o sólo apariencia?

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

¿Podemos celebrar la Independencia de México? ¿En verdad conseguimos colmar los ideales independentistas?

“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, frase atribuida a Napoleón Bonaparte que, en el contexto de la celebración de un aniversario más de nuestra Independencia, cobra especial relevancia.

¿Realmente conocemos los hechos ciertos de las causas, motivos y razones por las cuales se llevó a cabo la Independencia de la Nueva España, que dio nacimiento a nuestro país y que, por tanto, esa lucha culminó con su concretización?

Sin duda, todos sabemos la versión que nos cuentan los libros de historia oficiales, sin embargo, tenemos que tomar en cuenta que, como bien lo dijo el escritor George Orwell, “La historia la escriben los vencedores”, por lo que esta tiende a no ser objetiva del todo.

Cuesta trabajo creer que los ideales independentistas de libertad, igualdad y soberanía nacional, por nombrar sólo algunos, fueran tan siquiera comprensibles para el grueso de la población indígena y mestiza del entonces virreinato.

Sin duda, las marcadas desigualdades social y económica que existían en la época, entre españoles de nacimiento, quienes ocupaban las posiciones más importantes en la administración pública y eran dueños de tierras y personas, y los indios y mestizos, quienes conformaban el 80 por ciento de la población, trabajadores explotados en su mayoría, era un problema serio que por sí sólo era suficiente para motivar la independencia del país.

No obstante, adquiere más sentido el pensar que la Independencia tuvo más motivos de tipo económicos y comerciales que ideológicos, precisamente de parte de los criollos, quienes aún y cuando conformaban la élite local, hijos de españoles, pero nacidos en territorio virreinal, no tenían los mismos privilegios y derechos patrimoniales que los originarios de la madre patria.

Otro detonante que favoreció la Independencia, sin duda, fue la realidad política que vivía España en esa época, respecto a la invasión de la que era objeto por parte de Napoleón Bonaparte, lo que agudizó la inestabilidad política y social, teniendo como consecuencia el no poder solucionar los problemas que representaban el supervisar y encargarse de la administración del virreinato y de las colonias que poseía en el continente americano.

En 1808, cuando llegó la noticia de que Napoleón Bonaparte había tomado el trono español, la rivalidad entre las capas de la sociedad en la nueva España se acentuó aún más, lo que llevó a debilitar el poder de esta sobre el virreinato, momento que fue aprovechado por los criollos, dando inicio así a la Guerra de Independencia Mexicana.

El movimiento independentista mexicano consiguió la emancipación política y económica de España, así como una forma de Gobierno propio, soberano, republicano y democrático (esto con las fallas, carencias y limitantes que todos conocemos), pero ¿logró terminar con las desigualdades, abusos y pobreza de los indígenas y mestizos, cuyos descendientes, en su mayoría campesinos y obreros, continúan constituyendo el grueso de la población actual? Desafortunadamente la realidad es que la Independencia mexicana poco ha hecho por solucionar este grave y añejo problema. Los ideales independentistas, que nos enseñan desde los primeros años de escuela, por los cuales, nos han inculcado, surgió esa lucha, en nuestros días siguen sin solucionarse, por el contrario, los graves problemas se agravan cada vez más.

Parte importante, sino es que fundamental, del desarrollo y crecimiento de una nación es el nivel de educación y cultura de sus habitantes. No somos el mismo país de hace dos siglos, el nivel de analfabetismo de hoy es bastante inferior al que prevalecía en aquellos días, la globalización, aportada en gran medida por las tecnologías de la información, nos convierten en una sola comunidad mundial, interconectada de tal manera que lo que sucede en Shanghái repercute con toda su fuerza en nuestro país.

El conocimiento de nuestra realidad hace inevitable que continuemos siendo un pueblo ingenuo y crédulo. Es una gran verdad que los aztecas y demás pueblos indígenas que habitaban el hoy territorio mexicano fueron conquistados, dominados y explotados por los españoles y también que fue en este contexto de injusticias y represión que se buscó la emancipación política. Sin embargo, tenemos que tener muy claro que, si bien las circunstancias de aquellos tiempos no son las mismas a las de hoy, las desigualdades, pobrezas, carencias y abusos de la mayoría de los individuos que conforman el pueblo mexicano siguen existiendo con la misma fuerza e intensidad de antaño.

Por lo que es nuestra obligación, como mexicanos que amamos nuestra patria, continuar en la búsqueda de la culminación de los ideales que engendraron la Independencia mexicana, con la plena consciencia de que esta no ha terminado, sino que nos falta mucho camino por delante para poder siquiera considerarla consumada.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad.

¡Hasta la próxima!