Opinión

La razón de ser de las contribuciones y la importancia del rol de los empresarios

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

El artículo 31, fracción IV, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dispone que todos tenemos la obligación de contribuir al gasto público mediante el pago de impuestos, derechos, contribuciones de mejoras y aportaciones de seguridad social, las cuales deben ser equitativas y proporcionales.

Los ingresos que se captan por cada una de estas cuatro clases de contribuciones tienen diferentes particularidades y fines, pero todas coinciden en que su objeto es el sufragar las necesidades de la población.

En ocasiones esto suena complejo para la mayoría de nosotros y, por tanto, no se entiende del todo, en especial por los términos técnicos que se utilizan y también, en gran medida, por la falta de claridad del destino de los ingresos recaudados. Por lo que, en un esfuerzo por simplificarlo y hacerlo más claro, intentaré explicar la naturaleza de las contribuciones poniendo el siguiente ejemplo:

“Supongamos que un grupo de amigos, a quienes los unen fuertes lazos de compañerismo y vivencias a lo largo del tiempo y, entre algunos, hasta relaciones familiares, cuyas edades varían desde muy jóvenes hasta ya entrados en edad, así como sus capacidades económicas, habiendo quienes ganan mucho dinero y otros a los que apenas les alcanza para subsistir. Un día deciden formar un club con la finalidad principal de ayudarse mutuamente, tomando varios acuerdos que consideran necesarios para la realización del fin buscado, entre estos (uno de los principales), deciden que cada uno de ellos aportará cierta cantidad de dinero a un fondo común, acuerdan que los que más ganan deberán aportar una cantidad superior que aquellos que perciben menos ingresos, pero todos, en la medida de sus posibilidades, deberán de contribuir. Nombran entre ellos a un administrador para que se desempeñe como encargado, tanto de cobrar las aportaciones, como de aplicarlas a los gastos decididos por la mayoría. Entre estos gastos se encuentran el pago de la renta del local donde se reúnen sus miembros habitualmente, los servicios de energía eléctrica, de gas, agua, teléfono, mantenimiento, vigilancia, etc., los cuales ya habían sido calculados con anterioridad y que sirvieron como uno de los elementos base para la determinación del monto de las aportaciones. Pero estos son solo los gastos corrientes. Están, por otro lado, aquellos gastos que se consideran extraordinarios y que, en realidad, son el motivo más importante por el que este grupo de personas tomó la decisión de empezar a aportar una parte de sus ganancias a este fondo común. Entre estos gastos extraordinarios se encuentra el apoyar a aquellos miembros que, por algún motivo justificado, no puedan trabajar y, por tanto, no generen ingresos suficientes para su sostenimiento. En principio, a estas personas no se les puede exigir que paguen la cuota acordada, y sobre todo, además, se les apoyará con los recursos económicos existentes en el fondo, no los dejarán morir de hambre, ni en la calle; así como también les facilitarán los medios económicos suficientes para que reciban la debida asistencia médica en caso de necesitarla. Ahora imaginemos esta situación a lo macro, a nivel nación”.

En el ejemplo (bastante simplificado y simplista) quedan claras dos cosas:

La primera, que "La razón de ser de las contribuciones es la protección y ayuda mutua, con los recursos combinados del grupo, en beneficio de aquellos que se encuentren en situación de necesidad". Ese es el motivo fundamental por el que las antiguas civilizaciones nómadas, compuestas por solo unos cuantos miembros, se unieron en grupos, los que eventualmente dieron origen a los países de hoy en día.

La segunda, "La importancia de que continúe llegando el flujo de dinero de las contribuciones, ya que de lo contrario sería imposible cumplir con el fin para el que fueron creadas".

La humanidad está viviendo una situación inédita en toda su historia, por primera vez la economía global está paralizada. Jamás ninguna otra pandemia sanitaria ha tenido las repercusiones y alcances de esta. En este momento, nadie, pero absolutamente nadie, ni pobres, ni ricos, tienen capacidad de pago, sencillamente no hay. Algunos países, conscientes de su razón de ser, tomaron la decisión de cumplir con su compromiso y prorrogar el pago de contribuciones y, no solo eso, otros incluso están destinando dinero del erario público para aquellos que viven al día y requieren de ese apoyo para sufragar su necesidades más básicas.

En nuestro país, por desgracia, se está haciendo lo contrario. No solo no hay apoyos económicos directos a los que más lo necesitan, sino que, además, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) apenas el pasado viernes exigió a los contribuyentes que cumplan con sus pagos lo antes posible, bajo el absurdo e incongruente argumento de que el Gobierno ocupa los recursos para afrontar la crisis del coronavirus. ¿Acaso no entienden nuestras autoridades que esta crisis nos está afectando a todos por igual y, que si no apoyan en este momento a las empresas se perderán fuentes de empleo y generación de riqueza en perjuicio de todos?

De continuar este actuar irresponsable e insensato de nuestras autoridades, sin duda nos llevará a la peor crisis económica de nuestra historia, con las terribles repercusiones que ello conlleva. Por eso, resulta de la mayor importancia y urgencia el cambiar el curso de las decisiones, iniciando por otorgar prórrogas en el pago de las contribuciones, con lo que se protegerían, en principio, las fuentes de empleo de millones de mexicanos.

Como siempre, un placer saludarlo, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad.

¡Hasta la próxima!

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