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La Expo, ¿Almoloya?

GUASAVE

Quesque es muy caro, quesque no. Que los que se quejan odian a Guasave y son unos amargados y que quienes defienden el precio lo aman mucho y dispuestos están a colgarse en el pescuezo el escudo del municipio y tirarse al mar por la sagrada patria pueblerina, en una emulación tan metafórica como ridícula, de los Niños Héroes.

Es la discusión que navega en el ciberespacio, entre acerbas críticas a Canacintra por los afectados y justificaciones a ultranza -como dice un buen amigo- de quienes "van en la polla", por el precio al que se cotizó el boleto de entrada a la Expo 2014.

A riesgo que a este modesto y mentecato escribidor -¡Uuuy qué mello!- lo quemen en la hoguera de las redes sociales, opino porque así lo pienso, y como cantaba Jorge Negrete, lo digo y lo sostengo, que quienes se quejan, tienen la razón, y por lo demás es su pleno derecho.

Ciertamente, no sólo es un abuso sino un exceso y propongo con la solemnidad que me caracteriza para este tipo de asuntos que en lugar de llamarse Expo Canacintra, de ahora en adelante se le conozca como "Expo Almoloya", porque "ahí estaba Caro". ¡Es cuánto! Hay que legislar en tal sentido.

Aplicar "a chaleco" y de una manera indiscriminada una tarifa de acceso de 150 pesos por persona, dizque porque presentaban a la Banda Los Recoditos fue el argumento sofístico. (Consultar al Pequeño Larousse para que me digan qué quise decir con este último terminajo).

Puede ser pretexto, pero no justificación. A mucha gente no le gusta y por lo tanto no le atrae ver ese tipo de espectáculos como tampoco muchos asistentes al escenario de marras no llevan niños para pasearse en los juegos mecánicos.

Luego, quienes sólo van a visitar stand, cenar tacos mexicanos como si estuvieran en la 5ta. Avenue de New York, hamburguesas y "nachos" en la principal calle de Tokio, o pizzas en el Polo Norte, a precios exorbitantes, evidentemente es una actitud mercenaria, o sea todo lo contrapuesto a las medallas de filantropía social que se quieren colgar.

Desde esa perspectiva resulta una arbitrariedad de los organizadores no dar alternativas a los visitantes para que de forma más económica acudan al evento, como ocurre en la Expo Ganadera de Culiacán, donde ofrecen "shows" con artistas de reconocido prestigio, pero en espacio aparte, a los que entran, los que quieren, gusta y tienen con qué.

Entonces obligar sin excepción a los guasavenses a pagar 150 pesos, aprovechando que significa un evento de solaz esparcimiento y porque en plaza no existen otras opciones de diversión, nos parece una acción leonina de tintes ambiciosamente mercantilistas y no como defienden los apologistas de los "industriales" (¿del dinero, será? con el ánimo de proporcionar a los guasavenses un evento para entretenerse sanamente.

Cabe recordar aquí la anécdota aquella de don Arturo Mussot, cuando siendo presidente de la AARSP José de Jesús Sánchez, la secretaria le sirvió al "Tío" una taza de café con leche, la que este rechazó ante el azoro de la muchacha quien le dijo: "Es que así le gusta a Pepe Chuy".

A lo que el Tío Mussot replicó: ¿quiere decir que si al hombre le gusta el arroz con popote a mí también?

Así las cosas desde ese enfoque podemos reprochar que realmente lo que cobran por acceder a la llamada Expo es un atropello y merece, al menos ser investigado por la delegación de Profeco, pues todo lo que tenga que ver con sobreprecios al consumidor debe estar reglamentado en protección a la economía popular.