Opinión

Se lavan las manos sobre caso del culichi baleado en Sonora

LA GLORIETA 

Por  La Glorieta La Glorieta

El joven, originario de Culiacán, fue baleado por militares en el desierto de Sonora.(Debate)

El joven, originario de Culiacán, fue baleado por militares en el desierto de Sonora. | Debate

Lavatorio. Tal como el personaje bíblico de Poncio Pilatos se lavó las manos para desentenderse de la crucifixión de Jesucristo, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que preside José Carlos Álvarez Ortega, como el propio gobernador Quiriro Ordaz Coppel, se deslindaron del caso de Omar Ulises Arcos Moreno, culichi baleado en Sonora por militares, en una aparente confusión, cuando este intentaba cruzar hacia Estados Unidos. Familiares del joven de 23 años han pasado por un viacrucis desde el 27 de marzo, cuando se dieron los hechos que, después de postrarlo en una cama de hospital, con heridas graves de bala y con una acusación en sus hombros, ahora enfrenta un proceso, encarcelado, por delitos que, aseguran, no cometió. Las peticiones de justicia y de apoyo de su madre, Isabel Moreno, no han tenido eco y, desde el pasado miércoles, se plantó en la explanada de Palacio Nacional a manera de manifestación pacífica. Aquí, resulta increíble lo que respondió Álvarez Ortega, a través del área de prensa, cuando se le preguntó su intervención: “Estoy en el entendido que ese caso lo atrajo la CEDH en Sonora, mismo que remitió a la CNDH, tal como lo hicimos nosotros con la queja interpuesta por la familia de él, nosotros en sí ya no tenemos competencia en ese asunto”. Luego, Miguel Ángel López Núñez, secretario técnico de la Comisión, dijo que él no tenía facultad para responder porque no sabe de esa situación. Pero a este lavatorio de manos se sumó el mandatario estatal al expresar que no está enterado del caso y que tendría que checarlo con la Fiscalía (sic). ¿En verdad piensa Ordaz Coppel que los familiares de Omar Ulises y los sinaloenses en general le van a creer que desconoce el tema? Es decir, pudo haber respondido cualquier otra cosa, pero no que no estaba enterado, porque eso sencillamente evidencia que no le importa lo que le pasa a un gobernado suyo ni mucho lo que sucede en su recinto, el Palacio de Gobierno, donde ya se han manifestado los familiares y amigos del muchacho, aunque de sobra se sepa que no es así. 

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Round ganado. Primero Griselda Triana posteó en su muro de Facebook un elocuente mensaje que tituló “¡Lo hemos logrado, Javier!”, en el que da a conocer la sentencia de 32 años tres meses para Juan Francisco Picos Barrueta, alias “el Quillo”, culpable del asesinato del periodista Javier Valdés. En el texto, la esposa del fundador del semanario Riodoce reconoce el trabajo de la Fiscalía Especializada en Delitos contra la Libertad de Expresión, de la Fiscalía General de la República (FGR) y de la Organización Propuesta Cívica, y agradece a Reporteros Sin Fronteras México, Comité para la protección de los Periodistas, Organización de las Naciones Unidas y al periódico La Jornada, para el cual laboraba Valdez, entre otros. Pero la viuda de Javier advierte que esta sentencia es parte de una lucha que continúa, “solo hemos ganado un round más porque falta Dámaso López Serrano, alias el Minilic, sobre quien ya existe una orden de aprehensión y extradición a México por ordenar el crimen de Javier”. Minutos después, la FGR boletinó que, a través de la Fiscalía Especializada en materia de Derechos Humanos, obtuvo dicha sentencia condenatoria.  

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Desapariciones. La misma fiscalía estatal reconoce que en lo que va del año, al menos 15 menores de edad han desaparecido y de ellos nada se sabe hasta la fecha. Indiscutiblemente es un hecho que preocupa, pero que debería ocupar, también, la atención del Gobierno, pues cada día que pasa se esfuman las posibilidades de encontrarlos. No son pocos los casos en los que los familiares y amigos de las personas en esta calidad, suman esfuerzos, por su cuenta, para encabezar indagatorias. Vaya, para hacer el trabajo que le toca a las autoridades. Un intenso papeleo, trámites burocráticos y desinterés, permean la actuación de quienes son los responsables directos de seguirle el rastro a las y los desaparecidos, más allá de justificar el por qué se perdieron. Claro que también falta la cultura del autocuidado de las personas, sobre todo de las niñas, niños y jóvenes, que son la población más vulnerable. 

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