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La Vida es un Limón

PISTA DE DESPEGUE

Conozcamos a Craig (Pat Healy), que recién se estrenó como padre, que tiene de momento algunos problemas económicos, que trabaja en un taller mecánico y que está por pedirle un aumento al jefe.

Ay Craig, te tocó ser el hombre al que despiden debido a esos malos tiempos económicos que se están viviendo justo unos minutos antes de que te plantaras delante del jefe para pedirle el tal aumento.

Oh sí, la letra de aquella canción lo ilustra mejor: La vida es un limón y al final todos queremos que nos regresen el dinero.

Pero, anden, no sean tímidos, acérquense y conozcan más a Craig. Sí, ocupemos la silla esa que está en la esquina de la barra del bar. Ahora tratemos de mantenernos atentos a ese momento en el que, cabizbajo y reprimiendo cualquier gesto, nuestro hombre se empina aquella única cerveza que habrá de tomarse. Cerveza que, seguro, piensa que podrá darle la entereza suficiente como para llegar a casa, encarar a su esposa (Amanda Fuller) y decirle que no, no le dieron el aumento, que ha sido despedido, que no llore y mejor haga maletas y consiga cajas pues al salir encontró un letrero colgado en la puerta. Un letrero que dice claramente que ya se agotaron las excusas, que tienen un mes o para pagar o para desalojar.

Ay Craig ¿Debemos sentimos mal?

Veamos, la escena ocurre algo lejana. Podemos ver qué ocurre a sus espaldas, podemos imaginar qué pasa al frente. Podemos intentar articular esas dos o tres frases que de seguro están armándose en su cabeza. Ninguna de ellas hablará del destino o de la suerte o de la jodida crisis. Pero ¿Sentirnos mal? ¿En serio?

No tenemos mucho haciéndole compañía a Craig, pero hasta donde lo hemos visto el hombre no parece ser de los que tiran la toalla. De hecho, el ejercicio ese de intentar articular esas dos o tres frases que de seguro están armándose en su cabeza tiene que ver con aventurar las posibles soluciones que de seguro estaba tramando en aquellos momentos.

Detrás de él, un hombre barbado, fornido, de gorro negro y poblada barba sale del baño y pasa a su lado. Son solo segundos los que ha volteado a la barra y lo ha visto. Segundos. Aquel hombre se detiene, se regresa, lo estudia y lentamente se le acerca. Rápido, aquel hombre aferra el cuello de Craig con su brazo y le dice: ¡Dame todo el dinero! Es un asalto. Craig más que asustarse, se enoja ¿Un asalto, en ese día y en ese lugar? Voltea. No puede creerlo: es Vince (Ethan Embry), amigo de sus años de estudiante. Se abrazan y, obvio, se maldicen ¿Qué haces? ¿Cómo va todo? Lo usual ¿Los dejamos solos? Eso es lo que llaman: un momento íntimo ¿no? Historias más interesantes deben estar ocurriendo en algún otro lugar. Ya conocimos a Craig, ya conocimos a Vincent. Uno la está pasando mal, el otro la pasó mal pero está arreglando su camino ¿Buscamos mejor a otro infortunado que pase por ahí y lo seguimos?

Llega Colin (David Koechner) y llega Violet (Sara Paxton) y se sientan a un lado de los dos amigos. Se presentan y van al grano: tienen dinero, están aburridos, quieren vivir una experiencia como la de esos programas de concursos que salen en televisión. Quieren compartir esa experiencia y, sí, también quieren compartir algo de dinero. Pero para obtenerlo, uno de ellos debe ser el primero que se tome fulana bebida, acierte al centro del objetivo en los dardos, consiga una bofetada ¿Y qué tal si cambian de escenario? A fin de cuentas la noche es joven y Colin tiene mucho, muchísimo dinero, además de algo de imaginación.

Hay películas que vemos y que disfrutamos, pero que luego de que corren los créditos y pasan los días y dejamos de hablar de ellas ¡Bam! Se olvidan. Se necesita que volvamos a toparnos con ella mientras pasamos canales para revivir ese ya añejo gusto que alguna vez nos hizo experimentar. Hay otras que nos son tan repulsivas en su primera (y única) revisión, que no llegamos ni a su mitad cuando ya sentimos que nos urge una sesión de exorcismo.

Hay otras, como esta película: Cheap Thrills de E. L. Katz, con guión de David Chirchirillo y Trent Haaga, que logran conjuntar ambas experiencias y salir avante.

Seguro no te gustará Cheap Thrills, lo sé. Pero también sé que luego de verla, aunque no quieras hablar de ella, hablarás de ella. Que aunque quieras olvidarla, no lo lograrás. Que si algún día te la topas cambiando canales, te quedarás ahí y pensarás lo mismo que pensaste la primera vez que la viste: La vida es un limón y al final todos queremos que nos regresen el dinero.

Sí, como tan bien lo decía aquella.

@duendecallejero