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Opinión

La caída del hombre

Por: Roberto Valdez Prado

Universalmente conocido es el pasaje bíblico que dice que Adán y Eva cometieron el pecado original de comer del fruto prohibido, por lo cual fueron expulsados del paraíso. Antes podían conversar libremente con Él y beneficiarse de todo su amor y toda su confianza. Pero al desobedecer, perdió el hombre su poder divino, sus eternas y omnipotentes facultades por ser creado a imagen y semejanza. Fue la caída del hombre. Se les dijo que a partir de ahí encontrarían sustento solamente con el sudor de su frente hasta el día en que pudiera regresar a la tierra de donde fue echado. Analizando profundamente todo el pasaje, se concluye que es una alegoría, ya que ontológicamente no tiene fundamento científico todo aquello de la creación espontánea, una sola pareja original, la vida en esos tiempos cuando no estaban aún dadas las condiciones para eso, etc.

Mas bien, la alegoría de la caída del hombre, desde un punto de vista místico, corresponde al momento en el cual el alma universal, Eva, se encarna en el mundo manifiesto, Adán. Este proceso cosmológico no fue en ningún caso el resultado de un castigo divino, sino más bien como un acto de amor, o como una necesidad. Dios estaba solo como una energía no manifestada, era solo alma, inteligencia universal y decidió emanar la creación desde Él mismo e implementar un progreso que le fuera permitiendo contemplar su propia obra. Así que creó el universo y le infundió un alma susceptible de conocerse y evolucionar hacia la perfección de su propia naturaleza. Esto es, el alma no se conforma con ser solamente espiritual sino que produce su caída en la materia, en el género humano, y necesita esfuerzo, el sudor de su frente, para volver al paraíso, de donde fue echado:
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