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La candidata suplente

POLIARQUÍA

Cuando Susana Casal era niña, dijo en la reunión familiar de los domingos que quería ser presidenta municipal. Su padre la reprendió: "Yo no sé quién te ha metido esas ideas. La política no es para las mujeres".

Pero Susana nunca pensó así. Desde adolescente asistió a cuanto mitin pudo. Participó en campañas; escuchó cientos de discursos, leyó con voracidad las noticias sobre la política del estado. Un día asistió al cierre de campaña de un aspirante a gobernador y al regresar a casa le dijo a su hermana: "qué bonito habló el candidato pero no le entendí nada"

La primera vez que habló en público fue en un acto de la escuela. La habían escogido para que diera la bienvenida a un líder sindical que venía de la capital. Ya para entonces había aprendido la receta para entusiasmar a la gente. Una vez que concluyó su intervención, el director le dijo que hablaba como político. Le gustó.

Cumplido los 18 se afilió al partido en el que por siempre militaría. "Es la primera vez que viene una mujer a inscribirse", le dijo el funcionario que le extendió el registro.

Tardó 25 años en que el partido le diera oportunidad de participar como candidata suplente. Fue uno de los días más felices de su vida. En la toma de protesta del candidato estuvo presente desde temprano, pero no la invitaron a pasar al frente. Un día antes una y otra vez había ensayado frente al espejo el "sí protesto".

Fue candidata suplente al menos cinco veces más para diferentes cargos. Un día vino de gira el presidente de la república. En el último de los eventos logró acercarse hasta la mesa en que se encontraba y le dijo "Quiero ser presidenta municipal". El presidente la vio divertido y le preguntó "¿Ya hablaste con el secretario del partido?"

-No. En el partido les tienen tirria a las mujeres, se quejó. Luego insistió al presidente: "¿Qué tiene de malo que una mujer quiera hacer política?" En ese momento, un guardia de seguridad la tomó del brazo y la condujo lejos de la mesa.

Susana Casal no logró conmover a los que tomaban las decisiones. Tuvo al final de su carrera política -que nunca comenzó-, comisiones menores y le dieron oportunidad de hablar en actos casi irrelevantes. Sentía una admiración casi reverencial por Aurora Jiménez, la primera mujer diputada en el país.

Cuando la política comenzó a abrirse a las mujeres, ella ya venía de regreso. Siempre soñó con llegar.

Casi al final de sus días, el secretario general del partido le ofreció otra suplencia que ella muy amablemente rechazó.

Le hicieron un homenaje por sus 50 años de militancia. Hubo cerca de diez discursos. Todos destacando su valía y dedicación. Su lealtad casi inaudita hacia un partido que nunca le dio nada.

En su turno de hablar, dijo que se sentía muy contenta. Que había vivido a su modo la política y que le agradecía a Dios por haberle permitido andar por esos caminos. Y terminó: "Quienes escogimos esta actividad por el puro gusto de ayudar a la gente, no podemos más que dar gracias. Aunque nunca tuve un cargo, siempre tuve la ilusión y la ilusión es lo que más alegra el alma"

El día que murió, en el periódico se daba la noticia de que los partidos debían ceder el 50 por ciento de las candidaturas a las mujeres.

[email protected] twitter: @guadalupe2003