Opinión

La casa del abuelo

LÍNEAS EXTRAÑAS

Por: Osvaldo León

Hoy miércoles, un día antes del Día del Abuelo, es preciso escribir de la casa de los abuelos. La realidad nos dice que cuando los hijos se largan de la casa de sus padres a vivir en matrimonio y tienen hijos, la casa que dejaron se convierte en la casa de los abuelos de ese nieto que recién llegó. Pues bien, ¿han reflexionado en qué se va convirtiendo esa casa de los abuelos? Veamos, la mayoría de esas casas se convierte en una guardería temporal (a veces casi eterna) donde los nietos son cuidados por los abuelos. Esa casa donde diariamente o los fines de semana se alegra con la visita de los nietos, no es tan cuidada como antes. Ahí, los nietos son capaces de convertir las camas en ring de boxeo, el patio se transforma en canchas de futbol y las macetas son golpeadas por balones que van y vienen. La sala es azotada por cuerpecitos que se suben y se bajan con los zapatos sucios o sin ellos, sin que a nadie le importe, mientras la abuela, con su ya débil fuerza, les pide que "no se suban a la sala porque la van a maltratar". Esa casa, la de los abuelos, a veces (muy a veces) es remendada cuando está por caerse. Nadie se atreve a invertirle cuando "no hay seguridad de heredarla". Es, también, una bodega donde buscas y encuentras lo que necesites: desde fierros y herramientas, hasta mecates y alambres. Es, por si no lo saben, la casa donde cabe lo que en la casa de los hijos desechan. Sin dudarlo, esa casa es la conexión entre unas generaciones y el punto de reunión que se extiende fuertemente mientras los abuelos están y se diluye cuando éstos parten de este mundo. Lo menos que podemos hacer es ser agradecidos y, de vez en cuando, darle una 'manita de gato' a esa casa que tanto y tanto explotamos.

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