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Opinión

La comedia revolucionaria

BANDERA

Por Rodolfo Peña Fárbel

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El 20 de Noviembre sirvió a López Obrador para ostentar pública y aparatosamente su profunda vocación y convicción “revolucionaria”, herencia política infalible que los dizque “servidores públicos”; ostentan siempre como prueba infalible de las ventajas y beneficios que su presencia en los cargos oficiales significan para la Nación.

Esto se puso en evidencia en el desfile y ceremonia elegante y formal que se efectuó en el zócalo de la Ciudad de México en conmemoración de la revolución que en el 20 de Noviembre de 1910 inició Francisco I. Madero y el agradecimiento que debemos sentir por las supuestas maravillas que de ese evento se derivaron.

En televisión aparecieron el presidente y el secretario de la Defensa Nacional, pronunciando sendos discursos de elogio y gratitud para los próceres que fueron parte importante en el movimiento revolucionario, ante grandes retratos de algunos de ellos: Madero, Zapata, Villa, etc.

Como estos asuntos son siempre inspirados por el deseo de reforzar la fama de los protagonistas en las ceremonias oficiales, que consiste en demostrar la profunda convicción de ellos en los ideales de abnegación por la sublime entrega al servicio del pueblo, muy especialmente el proletariado. En ese contexto se prodigan los elogios a todas las consignas populistas típicas que enfatizan el afán de garantizar la justicia y la igualdad, derivadas históricamente de los postulados por la famosa revolución francesa de 1789. 

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Todas estas fantasías revolucionarias han desprestigiado a la América latina y han arruinado a nuestros países.

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