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Opinión

La compra de Twitter: adquirir el uso de la palabra pública

AMBIDIESTRO

Por Mónica Salcido Varela

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En la antigüedad, los griegos solían congregarse en plazas llamadas Ágoras a discutir temas de relevancia pública. Después, con la llegada de la escritura, los periódicos y medios de comunicación sirvieron como vehículo para la opinión pública. Hoy, con el internet como instrumento distintivo del siglo XXI, tenemos a las redes sociales como medios para expresar y discutir temas de importancia popular. Sobre todo, la red social del pajarillo azul: Twitter. Fundado en 2006, Twitter ha pasado de su eslogan “¿Qué estás haciendo?” -con los usuarios twitteando fotos de postres, pensamientos aleatorios y links a artículos en línea- a uno que se adecúa mejor al uso que se le da el día de hoy: “¿qué está pasando?”. 

Twitter es hoy la plaza pública, el lugar donde se discuten las ideas y los temas de relevancia regional y mundial. Es tanta su importancia que numerosos gobiernos, organizaciones y empresas lo utilizan para dar mensajes oficiales. Es tanto su alcance, que los tweets y los llamados hilos que realizan periodistas, intelectuales o, realmente cualquier persona, reciben cientos de miles de likes y retweets e influyen en el ideario político, económico y social de la gente. Twitter es hoy, un instrumento con el cual pocos pueden influir a muchos, en ocasiones desde el anonimato.

En abril, el multimillonario Elon Musk ofreció comprar a la red social por 44,000 millones de dólares. Pero no ha sido un camino sencillo: el anuncio de Musk ha desatado discusiones sobre adquisiciones hostiles, batallas de poder y persuasiones a accionistas indecisos para llegar a un acuerdo. Aun así, Musk insiste en la compra. Es así como vale la pena preguntarno: ¿por qué desea tanto adquirir una red social que no ha sido rentable en los últimos años?

Elon Musk ha dicho que quiere hacer de Twitter un lugar para la libertad de expresión. ¿Es que en Twitter no existe la libertad de expresión? Sí… pero a su manera. Los valores fundamentales de Twitter se basan en cuidar la privacidad y la libertad de expresión de sus usuarios, así como en la transparencia. Basándose en estos valores, Twitter permite que cualquier persona twittee lo que le parezca, excepto cuando se trata de discursos que incitan al odio o a la violencia. Por ejemplo, el año pasado Twitter suspendió de manera permanente la cuenta del expresidente estadounidense Donald Trump, ante el riesgo de que siguiera incitando a la violencia, esto después de que sus seguidores asaltaran el Congreso estadounidense.

Musk alega que esto atenta contra la libertad de expresión y busca cambiarlo. De esta manera, es muy probable que se extinga la moderación de mensajes, para que todo el mundo diga lo que quiera. Además, Musk propone eliminar el límite de caracteres por tweet, buscar eliminar los bots y autenticar las cuentas, es decir, verificar que detrás de cada cuenta se encuentra un humano. Inclusive, busca hacer de Twitter un código abierto, lo que significaría que cualquier usuario en el mundo pudiera observar y juzgar las decisiones unilaterales que toma la directiva de Twitter, desde observar la decisión de bloquear a un usuario, hasta la de dar mayor o menor circulación a un tweet o idea. En palabras de Musk, “Twitter tiene un enorme potencial, espero trabajar con la empresa y la comunidad de usuarios para desbloquearlo”.

¿Pero realmente sus intenciones son tan “puras”? En el pasado, Musk se ha beneficiado de Twitter, ¿y quién dice que no utilizará el poder de la red social para favorecer ciertos tipos de discursos e ideologías que convengan más a sus intereses?

Además, nos queda preguntarnos qué es la libertad de expresión: si grupos extremistas incitan al odio y la represión de otros, ¿no están siendo estos privados de este derecho? 

Asimismo, permanece la discusión sobre si Twitter, como compañía privada con fines de lucro, debe proporcionarnos la libertad de twittear lo que queramos. 

En estos momentos Twitter conserva un cierto nivel de discurso regulado, que, también, sirve a intereses particulares de la empresa.  

De efectuarse la compra de Elon Musk, se abriría paso a un discurso abierto sin límites, pero los intereses particulares de seguro permanecerían, solo cambiarían de manos. ¿Qué es mejor para la plaza pública del siglo XXI?

Más que una batalla por la libertad de expresión, la disputa por Twitter constituye la discusión sobre la palabra; es decir, quién controla la discusión, quién puede decir qué cosa, a quiénes y con qué límites. Twitter se ha convertido en el centro de las narrativas, y quien controla la narrativa controla el mundo.

De esta manera, es de suma relevancia mantenernos atentos al tema. Sean cuales sean las intenciones de Musk al adquirir la plataforma, siempre existirán actores que busquen apropiarse de la conversación y, de esta forma, moldear el pensamiento público sobre los temas más importantes de nuestra sociedad.

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