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La comunicación política

IDEAS PARA EL CAMBIO

La comunicación política cada vez es más determinante para alcanzar mejores resultados en materia electoral. Pero pocos se percatan de ello. Persisten formas y actitudes que forman parte del pasado y que en la actualidad ya no funcionan. La caducidad es evidente y ello inquieta.

Los políticos han descuidado el uso de su lenguaje y los mensajes que emiten. Algunos se esfuerzan para instrumentar formas tradicionales de comunicación, pero desconocen su impacto y cómo son percibidos por la ciudadanía. Por ello no penetran políticamente en el ánimo social.

El hiperactivismo político que predomina en estos tiempos no es garantía de mayor aceptación ciudadana. Los apresurados recorridos por toda la geografía, las múltiples reuniones diarias y la entrega masiva de obsequios, dejaron de relacionarse con la intención de voto. Se está gestando una nueva visión sobre el ejercicio de la política.

La sociedad ya no conoce a los políticos tan sólo por sus discursos y sus promesas. Ahora también pone atención en sus actitudes, en su comunicación no verbal y quiere saber su opinión sobre diversos temas. Busca conocer sus propuestas, le interesa que su imagen pública sea agradable y que sea más imaginativo en sus formas de hacer contacto con la gente.

La lógica del elector potencial está modificándose. En la actualidad el poder se gana con ideas y con emociones. El político exitoso debe despertar pasión y entusiasmo. Tiene que generar esperanza y certidumbre. Convencer, seducir y contagiar una ilusión. Por eso es necesario poner el acento no en la emisión, sino en la percepción que se genera.

La nueva comunicación política debe considerar al menos cinco aspectos fundamentales. El primero es la creación de un marco conceptual propio para cada político. Este se deriva de su posicionamiento ideológico o partidista e incluye frases y metáforas que le identifican y le distinguen de sus adversarios.

Un segundo es ubicar un conjunto de principios o valores que son personales, que le otorgan una diferenciación importante y le acercan con sus electores. El tercer aspecto son las palabras que le son propias, que son acordes a su personalidad y a sus actitudes cotidianas. El vocabulario da identidad.

El cuarto factor son los elementos de liderazgo que se derivan de su trayectoria de vida. Debe mostrar que su vocación y su deseo de servir no son de ahora. Tampoco coyunturales. Si pretende regalar algo ahora, debe demostrar que a lo largo de su vida así lo ha hecho. Sólo de esta manera sus beneficiarios se convertirán en electores reales.

El quinto factor es la imagen pública que proyecta. Ello tiene que ver con su aspecto, su presencia, su forma de vestir, de saludar y el trato cotidiano que tiene con la gente. Sobre todo, tendrá que poner especial atención en quienes son sus colaboradores cercanos, con qué amigos convive y de quiénes se hace acompañar en eventos políticos.