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La condecoración del Águila Azteca

CUENTOS POLÍTICOS

De acuerdo con la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles, la condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca es la distinción que se otorga extranjeros con el objetivo de reconocer los servicios prominentes prestados a la nación mexicana o a la humanidad y para corresponder a las distinciones de que sean objeto los servidores públicos mexicanos.

En este orden de ideas se entiende que el gobierno mexicano condecore a personalidades como el presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mújica, por su fuerte impulso al fortalecimiento de las relaciones bilaterales y en especial por haber defendido los valores universales del respeto a los derechos humanos, la democracia y la igualdad social y por su lucha por la erradicación del hambre, la discriminación y la exclusión social. Bien, muy bien, el honor concedido es más que justificado, como lo es el otorgado al presidente de Perú, Ollanta Moisés Humala, por haber concretado acuerdos en materia económica, de desarrollo social, colaboración en seguridad y combate al crimen organizado, así como en cooperación técnica, científica, educativa y cultural. Ni hablar.

¿Cómo oponerse al galardón post mortem otorgado al académico estadounidense Robert A. Pastor, talentoso constructor de una comunidad de países de América del Norte, quien "sembró la semilla de una vecindad más generosa y amigable" de la que dejó constancia en su libro La Idea de América del Norte: Una visión para el futuro continental? Inobjetable el honor concedido a Takashi Yamanouchi, presidente de Mazda Motor Corporation, por su valiosa contribución para que México continúe en el centro de la estrategia internacional de la empresa automotriz japonesa lo que se ha traducido en el incremento y fortalecimiento de la inversión y el comercio entre México y Japón. Perfecto, como también fue perfecta la distinción concedida en su momento a la reina Isabel del Reino Unido, al presidente Lula da Silva, a Michelle Bachelet, a Nelson Mandela, a Edward Kennedy, a Gabriel García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a Álvaro Mutis, a Fernando Savater, así como a grandes figuras del deporte, la cultura, las ciencias y las artes, entre las que se encuentran el cantante Bono, Rigoberta Menchú y Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud.

¿Errores en el otorgamiento de la máxima distinción concedida a extranjeros con el objetivo de reconocer los servicios prestados a la nación mexicana? Claro! Ahí están los casos vergonzosos de tiranos sanguinarios como Leónidas Trujillo, Josip Broz Tito, Reza Pahlevi y el dictador Fidel Castro, cuyos ejemplos habría que enterrarlos varios metros bajo tierra.

¿Por qué galardonar con la Orden Mexicana del Águila Azteca, en grado de Banda en Categoría Especial, al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede? ¿Cuáles servicios prominentes ha prestado dicho prelado a la nación mexicana o a la humanidad? ¿Cuáles? ¿La máxima condecoración mexicana es una corcholata o el hecho de entregarla responde a las creencias religiosas personales de Peña Nieto? No olvidemos que el peor enemigo que ha tenido México a lo largo de su dolorida historia ha sido precisamente el clero católico, por lo que los juaristas contemplamos con horror la distinción concedida al purpurado…

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