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Opinión

¿La corrupción genera violencia?

EN MARCHA

Por: Roberto Cruz

Mañana viernes visita de nuevo Sinaloa el presidente de la República, AMLO, quien insiste en que el principal problema de México es la corrupción; y desde luego no se equivoca el señor presidente en tal aseveración. Curiosamente, durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ya se ha expuesto que los dos factores comunes para que inversionistas internacionales decidan no invertir en un determinado lugar son la corrupción y la violencia.

Este monstruo de dos cabezas inhibe la atracción de inversión extranjera directa, genera fuga de capitales de un país, lastima gravemente el flujo de turistas en un estado y, en definitiva, empeora su imagen y sus condiciones de generación de trabajo para los ciudadanos que habitan ese lugar.

Eso sin mencionar el deterioro en la calidad de vida de los ciudadanos por no poder trabajar ni vivir en paz.

Sobre este deterioro social que ha lo largo de los años se ha incrementado en distintos lugares del país, y en donde desafortunadamente Sinaloa no es la excepción, vale la pena reflexionar y preguntarnos como ciudadanos: ¿es la corrupción del Gobierno un factor generador de violencia en el estado? ¿Es la impunidad que deja sin castigo a políticos corruptos un incentivo para generar mayor corrupción? ¿Realizó algún pacto político este Gobierno estatal con el pasado Gobierno para aprobar las cuentas públicas del anterior gobernador y algunos de sus funcionarios más cercanos? Es decir, ¿quedará la corrupción del anterior Gobierno convertida en impunidad por el actual Gobierno estatal? ¿Existen elementos para considerar que una ciudad o un estado pueden llegar a estar entre los primeros cinco lugares de robo de vehículos con violencia en el país durante ya años sin que esto tenga alguna relación con sus autoridades estatales? ¿Tiene esto alguna relación con que desde hace años sea una práctica común que en general los vehículos que se roban de funcionarios o figuras públicas afines al régimen los encuentren a pocas horas de haber sido robadas esas unidades?

En 2018, las autoridades estatales “presumieron” una “disminución” de los homicidios dolosos, alcanzando la cifra de mil 122 asesinatos. Sin embargo, contrariamente, este número fue superado por las denuncias acumuladas por la desaparición de mil 211 personas, según cifras de la propia Fiscalía estatal. Entonces, cualquier ciudadano puede preguntarse: ¿realmente están matando a menos gente en Sinaloa? ¿Es casualidad o es una estrategia deliberada o coludida para disminuir “maquilladamente” las cifras oficiales de homicidios en el estado?

Solamente los políticos o exfuncionarios al más alto nivel estatal tienen las respuestas verdaderas a cada una de estas preguntas ciudadanas. Insisto, son preguntas aún sin respuesta para los sinaloenses. Sin embargo, sí hay una respuesta clara a una pregunta aún más importante: ¿cuál es la solución para alcanzar la paz en nuestro estado y empezar a cambiar la conversación sobre Sinaloa? Son tres elementos la clave para lograrlo: la educación de nuestras niñas, niños y jóvenes; lo escribió Pitágoras hace 2 mil 500 años: “Si educamos a nuestros niños hoy, evitaremos castigar a los hombres mañana”. También se deben generar fuentes de trabajo con microcréditos baratos para fomentar el autoempleo entre miles de ciudadanos que no tienen otra opción para trabajar honradamente; y la tercera vía, sin duda, es un combate frontal contra la corrupción y la impunidad.

Con estos tres elementos, estoy convencido, ayudaremos a alcanzar la paz y empezar a cambiar la conversación que injustamente se tiene de Sinaloa en México y el mundo; y sostengo que es injusta, ya que la mayoría de los 3 millones de almas que vivimos en Sinaloa no somos violentos ni corruptos: somos gente de bien que buscamos trabajar honradamente y vivir en paz. Somos muchos más los buenos que los malos, así que ánimo y no perdamos la esperanza de que algún día logremos alcanzar la paz; se lo debemos a nuestros hijos y a nuestras familias.