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Opinión

La cultura en Sinaloa ‘no fue flor de un día’

FARAFARA

Por Jorge Guadalupe Pacheco

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La importancia en el fomento a la cultura y las artes fue resultado de un cambio de fondo en la gestión de los programas culturales a nivel federal.

En 1989, con la instalación de los primeros mecanismos de financiamiento para las actividades culturales de procedencia distinta a la federación, el sector cultural dio cabida a nuevos actores gubernamentales (estados y municipios), sociales (sociedad civil y artistas independientes) y privados.

Desde entonces, la descentralización y la cooperación intergubernamental han sido principios para la gestión de los programas culturales y temas recurrentes en el despliegue de las políticas culturales en el país.

El Festival Cultural Sinaloa fue una de las iniciativas más trascedentes del sexenio de Francisco Labastida, gobernador en el periodo de 1987 a 1992, definió la política cultural del estado con una visión de democratización cultural y atendió los rezagos históricos en materia cultural. 

La decisión surgió en 1987, con un proyecto que atendió a diez ciudades sinaloenses con una programación de veintidós agrupaciones culturales.

María Teresa Uriarte, en su primer año como primera dama, constató la carencia de eventos culturales en la entidad, dando pauta al diseño de un festival con un enfoque incluyente para municipalizar la cultura sin precedente alguno.

El comité organizador del festival lo integraban en aquellos años, Francisco Labastida Ochoa, presidente honorario y gobernador de Sinaloa; Carlos Ruiz Acosta, titular de la Dirección de Investigación y Fomento de la Cultura Regional (Difocur); Jaime Labastida, director general del festival y subdirector del INBA; Ignacio Toscano, director ejecutivo y exdirector de Ópera del INBA, y Enrique Patrón de Rueda, director artístico.

Los catorce festivales culturales que existen en Sinaloa se han redimensionado con una oferta cultural que atienden los municipios de la entidad durante todo el año, la visión cultural de Papik Ramírez Bernal, director general del ISIC, se orienta a municipalizar la acción cultural con una estrategia plural y participativa, lo que permite integrar a todos los municipios con identidad para fortalecer el quehacer cultural.

Los eventos se realizan en espacios públicos, como plazuelas, parques y plazas, propiciando foros de acceso a la cultura como un derecho de los sinaloenses.

Vincular la cultura con el turismo, con la educación pública, es una estrategia interesante que sucede en Sinaloa.

Actualmente se está avanzando en ese terreno que parecía utópico en los foros de discusión de análisis de la cultura, esto permite preparar ciudadanos con una visión universal de la cultura, para impulsar proyectos innovadores y sustentables que potencialicen el turismo en Sinaloa y con ello detonar el desarrollo económico a través de la cultura, además de cumplir con un derecho fundamental como se establece en la Ley de Cultura y Derechos Culturales.

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Es sumamente trascendente que la política cultural se oriente a la cultura comunitaria, en todos los sentidos, generar la participación activa de los gobiernos municipales, instituciones de educación, artistas, intelectuales, gestores culturales y promotores de las culturas populares con la visión de crear alianzas sólidas que unifiquen a través de un mapa y red estratégica el quehacer cultural en Sinaloa. 

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