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La decepción asoma

GUASAVE

Apoco más de un año de que Enrique Peña Nieto asumió la presidencia de la república, es hora que la desenfrenada carestía sigue mostrando su inhumano rostro, generada por los incesantes aumentos a la gasolina, que es lo mismo que echársela a la lumbre para alimentar la espiral inflacionaria.

El común de la gente, la gleba, los de abajo, que no entiende, porque no sabe de los famosos indicadores macroeconómicos, se pregunta con mucha inquietud: ¿va a seguir el gobierno con las mismas políticas públicas?

Qué ya no va a haber más impuestos en lo que resta del sexenio, dicen. ¿Y...?, si ya hicieron lo que tenían que hacer con la instrumentación de la reforma fiscal que se ha convertido en un factor multiplicador de las alzas en los precios de productos de consumo básico y bienes y servicios.

No aspiran desde luego los pobres y miserables de este país que al sólo conjuro de la nueva administración empiecen a resolverse los problemas de extrema pobreza de la población, pero sí al menos esperaban se tomaran decisiones que permitieran rectificar para bien el rumbo en materia económica para las mayorías.

Alentaban también con la llegada del PRI al poder en una segunda oportunidad, acciones y posturas claras y precisas que por lo menos hicieran vislumbrar que este gobierno sería sensible, condescendiente y más comprometido con la justicia social.

Sin embargo a la luz de la serie de acontecimientos y conductas que manifiestan desde que se inició el sexenio, tanto en política económica como social, los nuevos "iluminados" tienen el mismo ADN de los viejos priistas, sólo que más puliditos y menos receptivos a las necesidades de los mexicanos.

En ese sentido la gente se plantea la interrogante de por qué Peña Nieto que una cosa dijo en campaña y otra es la que hace ya como presidente, no trate no digamos ya de detener, sino únicamente suavizar la nefasta política alcista que ha encarecido criminalmente la vida de todos.

¿O cuál es la cuestión, acaso solamente rezar para su santo como ha sido costumbre inveterada en los priistas que son gobierno que en el pasado usufructuaron el poder por más de 70 años y que en el 2000 fue causa y razón por la que perdieron el poder?

Los priistas, peñistas o como se llamen que hoy gobiernan México y deberían tener la responsabilidad de conducirlo por los caminos del bien común, no deben olvidar que si ya una vez hicieron que los votantes los sacaran a patadas de Los Pinos, fue en función de encontrar en la alternancia, después de la fallida de 12 años con el PAN, una esperanza a su desesperanza, angustia y pobreza.

Ciertamente los millones de mexicanos que votaron por Peña Nieto cifrando en él aliento y certeza de un nuevo cambio, pero entiéndase, no interpretado como un simple trueque de hombres, sino como la transformación del arbitrario y prevaricador sistema político, que por cierto los mismos priistas prohijaron y que en este sexenio lleva todos los visos de alcanzar su expresión más degradante en materia de justicia social y económica.

Muy temprano los priistas empezaron a enviar señales en contrario a lo que prometieron, porque en el primer año del ejercicio de su gobierno han hecho todo lo posible mediante las cacareadas reformas que han pegado en la línea de flotación de la economía doméstica, por si algo faltara, para terminar de "hoder" a las miserables familias de este país.

Tiene que recordar Peña Nieto que las expectativas que creó son muchas y la decepción que empieza a asomar no está en los planes de quienes lo llevaron al poder, no sin que vaya a generarle un costo muy alto a él y a su partido.