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La democracia no sirve para nada

ITINERARIO POLÍTICO

Lo cierto es que contra el crimen y la violencia no han servido para nada ni el municipio, ni los gobiernos estatales; tampoco sus instituciones.

En los tiempos de bonanza del viejo PRI —tiempos del partido único, del poder vertical, autoritario y nada democrático—, los líderes de la derecha y la izquierda solían pregonar que la gloria democrática llegaría con el advenimiento de la pluralidad en el Congreso de la Unión, la alternancia en los tres órdenes de gobierno y las elecciones libres, creíbles y transparentes.

Sin embargo, cuando llegaron las elecciones democráticas, cuando se instauró la pluralidad y la alternancia en el poder, no llegó la gloria prometida. No, en su lugar llegaron los poderes fácticos del crimen organizado; violencia y flagelos como el secuestro, entre otras expresiones criminales, que derrotaron por completo a los poderes democráticos.

Y si tienen dudas de esa realidad, podemos revisar lo ocurrido en Chihuahua, Tamaulipas y Michoacán —entre otras entidades—, en donde la conclusión es la misma; la democracia no sirvió o no ha servido para nada en las últimas décadas. Van los ejemplos.

A lo largo de la primera mitad de 1986, el estado de Chihuahua era lo más parecido a la cuna de la democracia mexicana. Los alcaldes panistas de Chihuahua, Ciudad Juárez y Parral, Luis H. Álvarez, Francisco Barrio y Gustavo Villarreal, prácticamente encabezaron una revuelta social luego de las tramposas maniobras electorales del gobierno de Miguel de la Madrid, para impedir que el PAN ganara su primera elección estatal.

Los tres líderes del PAN de esa entidad iniciaron movilizaciones, huelgas de hambre y una "Caravana por la Democracia". Sin embargo, nada fue suficiente. El 6 de julio de ese 1986, el presidente Miguel de la Madrid ordenó el despojo electoral, que luego fue bautizado como "El Fraude Patriótico" y que operó Manuel Barttlet, entonces secretario de Gobernación y hoy prohombre de la izquierda y furibundo antipriista. Bartlett ordenó todas las trampas posibles, en nombre del PRI y por el bien de la patria, para despojar a PAN de una victoria legítima.

El escándalo fue tal que la sociedad de todo el estado de Chihuahua encabezó las mayores movilizaciones de su historia; la toma de puentes internacionales y, en el extremo, la iglesia católica llamó a la revuelta contra el fraude. Ahí nacieron los liderazgos de Luis H. Álvarez, a la postre presidente del PAN y artífice de la alternancia en el poder, y Francisco Barrio, quien años después se convirtió en un gobernador que pasó con más pena que gloria.

Lo curioso es que 25 años después —en 2011—, y luego de los fallidos gobiernos del PAN, Chihuahua en general, y Ciudad Juárez en particular, eran las ciudades más violentas del mundo; más inseguras, además de que el PRI había regresado al poder. ¿Alguien puede explicar qué pasó? ¿Dónde quedó la cuna de la democracia; la ejemplar ciudadanía de Chihuahua? ¿Por qué si el PRI fue echado —y si el PAN llegó al poder—, Chihuahua se fue al barranco en el que aún hoy sigue?

Sin duda que los gobernantes del PAN lo hicieron muy mal en Chihuahua, pero el problema va más allá del color partidista que gobierna. En Tamaulipas, por ejemplo, el PRI siempre ha gobernado a nivel estatal y la presencia del PAN y del PRD apenas son visibles en algunos municipios. Sin embargo, hoy Tamaulipas está igual o peor que Chihuahua en 2010 y 2011. Y es que en esa entidad —a pesar del PRI y/o a causa del PRI—, mandan los poderes fácticos del crimen. En Tamaulipas también se impuso el crimen, a pesar de que en rigor no ha existido alternancia, de que las elecciones son cuestionables y se vive un gobierno de partido único, sin contrapesos políticos.

Y se podría decir que si en Chihuahua y Tamaulipas el problema son los gobiernos del PRI y los del PAN, o ambos, ¿serían mejores los gobiernos de la izquierda, del PRD? La respuesta es lapidaria. No son mejores. Y el ejemplo esta en Michoacán. En esa entidad la alternancia pasó del PRI al PRD. Y casualmente durante los gobiernos de la izquierda crecieron como la espuma la familia Michoacana y "Los Templarios". Claro, al amparo del poder, igual que en Chihuahua y Tamaulipas.

Y de nuevo se impone la pregunta. ¿De qué sirvió la democracia electoral en Michoacán; la alternancia en el poder, las elecciones creíbles? Tampoco sirvieron para nada.

Lo cierto es que contra el crimen y la violencia no han servido para nada ni el municipio, ni los gobiernos estatales; tampoco sus instituciones. No sirven de nada la democracia electoral y tampoco la democracia a secas. La única fuerza pública capaz de contener a las bandas criminales es la fuerza federal. ¿Quién atenderá esa tragedia institucional? Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx