Opinión

La descalificación que estropeó los relevos patrios

Amanecer Deportivo

Por  Raúl Brito

Vaya desaguisado se armó en los ‘históricos’ relevos patrios que desembocaron en la descalificación a un equipo ganador que ya podrá usted -con su discernimiento ajeno a cualquier calentura- analizar, ponderar y juzgar a su libre albedrío.

Todo empezó -pa’ variar- desde la víspera (unos dos días antes de la carrera) cuando Trimaz -uno de los 13 equipos varoniles inscritos en la única categoría convocada, Libre- fue puesto bajo la lupa no solo por contendientes, sino por el Imdem ‘alvarista’, presumiblemente por alinear a un atleta ‘cachirul’.

La advertencia de la presunta irregularidad, sin embargo, jamás fue formalizada por parte de los quejosos con una carta escrita de su protesta y el representativo, oficialmente ocupante del tercer lugar, recibió luz verde de pagar inscripción, recibir carril el día de la carrera (15 de septiembre), competir, llegar a la meta, meterse al podio gracias a su esfuerzo, recibir cheque simbólico (pa’ la foto)...y terminar ‘raspado’ con una descalificación que ya usted podrá juzgar si tiene tiempo de leer los siguientes elementos de juicio.

Todos los años, desde los tiempos inmemoriales de la justa más emblemática del atletismo porteño, la reglamentación consigna que pueden participar únicamente atletas mazatlecos nativos o, en su defecto, corredores que, sin ser nacidos aquí, tengan una residencia comprobable por lo menos de seis meses.

Fue aquí donde la ‘olla de grillos’ desató la fumarola de la polémica -un sello característico en la rica y prolongada tradición de la carrera de 68 años- dado que Juan de Dios Sustaita, quien fue registrado por Trimaz, es oriundo de Culiacán, pero con residencia -eso se dijo- desde dos años atrás en Mazatlán.

Efectivamente, el Imdem ‘alvarista’ recibió la queja -que no protesta formal- y tomó nota. Al tiempo que pedía a Juan de Dios comprobar su residencia, Trimaz quemaba cartucho con un artilugio de contraataque: que hiciera lo mismo (de comprobación) Jesús Manuel Martínez Valles, mazatleco de nacimiento, pero con estadía gran parte del año en Culiacán, quien compitió por UAS-Centro Deportivo Juárez, el reclamante de Trimaz.

Martínez, a diferencia de Juan de Dios, sí pudo cotejar con acta de nacimiento que, en efecto, es mazatleco, y pasó la prueba humeante de la controversia.

Finalmente, ambos corrieron...sin una protesta formal ni de UAS ni de Trimaz. Todo había quedado en dimes y diretes. Al final de la justa, los uaseños quedaron en primero y, los triatlonistas, en tercero.

Sus premios (pa’ la foto, porque nunca hubo cheque real, sino uno simbólico) se les entregaron con toda y pompa. Gritos, chócalas, vivas patrias, el fervor a todo lo que da. Todo pa’ la foto, pa’ la vanagloria.

Fue hasta el martes -dos días después de la carrera- cuando, al pretender cobrar en las oficinas del órgano rector del deporte local su efectivo ganado en el terreno, el Imdem ‘alvarista’ les notificó de su descalificación (extemporánea, por cierto) y les dio las gracias por participar.

El cuarto lugar (Pacific Triathlón) subió por manotazo (¿arbitrario) del Instituto Municipal al tercero. Es decir, la autoridad apeló a lo que jocosamente llamó ‘seguimiento de la queja’ y tronó a Trimaz...sin una protesta formal de nadie y después de cobrarles inscripción, permitirles correr como al resto de los concursantes y subirlos al podio a saborear ilusamente algo que ganaron con tanto esfuerzo y que, al final, resultó atole con el dedo.

¿Arbitrariedad, atropello, vileza por parte del Imdem?

Yo ya tengo mi juicio, pero juzgue usted mejor.