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La dinastía Montiel

MI PUNTO DE VISTA

La familia Montiel son un referente del boxeo en Los Mochis -y el país- por generaciones. Lo que en una ocasión Rudy y Manuel –el original Cochul- tomaron como un pasatiempo, pero también como forma de llevar el sustento a casa, con el paso del tiempo se convirtió en una especie de religión y profesión obligada para sus descendientes.

Ninguno de los dos arriba señalados consiguió alcanzar la gloria boxística. Fueron, en su época, bravos pugilistas que no temían enfrentarse a lo mejor de la baraja nacional que se movía y dominaba en aquellos tiempos el deporte de los puñetazos. Además, en aquellos años era muy difícil obtener la oportunidad de dirimir un título del mundo.

Los campeonatos nacionales significaban el aliciente más importante para quienes no tenían ese "padrino" que les abriera las puertas a los combates grandes y bien remunerados.

Cuando los hermanos Montiel decidieron colgar los guantes, algunos de sus hijos y sobrinos ya estaban "contaminados" del síndrome del boxeo para continuar con ese legado.

El primero y más cercano a un campeonato mundial fue Francisco "Cochulito" Montiel, aquel extraordinario minimosca que una noche de octubre de 1982 vino a Culiacán para arrebatarle el cinturón doméstico a la "Pringa" Hernández mediante un salvaje nocaut en cinco episodios, repitiéndole la dosis un año más tarde.

"Panchito" fue un boxeador muy completo; técnico, veloz, con pegada espectacular. Pero cuando tuvo la oportunidad soñada, fue diferente. El coreano Jung-Koo Chang le obstruyó dos veces el camino con triunfos amplios por la vía de los puntos. Francisco se retiró apenas en el 2008, a la edad de 43 años, tras ser noqueado en tres asaltos por el "Picoco" León.

Relevo. Posteriormente, surgieron los hermanos José y Alex Félix Montiel, así como su primo Pedro.

El primero fue campeón nacional supermosca y Alejandro se convirtió en la gran figura del pugilismo sinaloense en la década de los 90, alcanzando también la cima nacional con su corona de peso minimosca de la cual hizo memorables defensas y que perdiera en una revancha con Raúl Ríos en la capital sinaloense.

Alex tenía todo para ser una estrella del cuadrilátero. Sin embargo, comenzaron los altibajos y el chamaco se desinfló. Se topó con dos grandes oportunidades de convertirse en campeón del mundo por la FIB, pero ninguna aprovechó. Primero contra Mark Johnson en Los Ángeles en 1997, y cinco años después contra Irene Pacheco en Texas.

El hombre fue monarca universal de la Asociación Internacional de Boxeo, pero como si no lo hubiera sido, porque nadie creía, ni cree, en ese organismo fantasma.

Tercera generación. Hoy en Las Vegas, otro miembro de la familia tiene esa gran oportunidad. No lleva el apellido Montiel, pero es hijo de Josesito Félix, quien intentará convertirse en campeón mundial superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

José forma parte de la cartelera que encabezan Manny Pacquiao y Timothy Bradley, un magnífico y estupendo escenario para mostrarle al mundo su picardía, técnica y gran talento para brillar en este deporte.

¿Y saben qué?, el chamaco lo tiene todo para ser una verdadera estrella, pero sobre todo, para cumplirle el sueño al padre de ver en casa un cinturón mundial.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo ÉL sabe si podré hacerlo de nuevo.