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Opinión

La emergencia

Por: Jorge Luis Lozano

La emergencia por los efectos del huracán Willa que el 22 de octubre golpeó a los municipios de Escuinapa y Rosario no ha pasado.

Más de 30 mil personas fueron damnificadas por los vientos de más de 240 kilómetros por hora, las lluvias y el desbordamientos de ríos y arroyos. La mayoría de ellos aún carecen de los más elemental, como es el agua potable. Los más afectados están en la zona rural de los municipios donde la cobertura informativa de el periódico EL DEBATE ha constatado las difíciles condiciones que están enfrentando miles de familias: en comunidades como Plomosas, en el municipio de Rosario, las escuelas permanecen destruidas. Los torrentes generados por el huracán socavaron los cimientos de aulas, algunas de las cuales quedaron en medio de los cauces. A casi quince días del paso del meteoro, los residentes de Matatán y Maloyita (unas de las comunidades más desprotegidas de la región) permanecen sin suministro de agua potable. La pocas cargas que llegan a recibir se racionan para el consumo humano y las necesidades, como el lavado de ropa, lavado de trastes y las necesidades fisiológicas se cubren con el agua del río. 

La situación podría tardar aún más días en ser resueltas debido a los daños que se tuvieron en los sistemas de bombeo. La misma situación en mayor o menor grado se puede encontrar en la zona rural de Escuinapa. Mientras se espera la declaratoria de los dos municipios como zona de desastre natural para que inicie el flujo de apoyos emergentes, se carece de lo más elemental. Las autoridades de sanidad y Coepris aseguran que se ha actuad lo suficientemente rápido para evitar un problema sanitario con el brote de enfermedades. Los habitantes de las zonas afectadas no están seguras del todo, en lo que a eso respecta. Urge que las autoridades no disminuyan el esfuerzo por atender a los afectados.

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