Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

La enajenación total

POLITEIA

Vienen días y semanas de enajenación total. Incluso, si la Selección Mexicana, esa que por allá en los años setenta Manuel Seyde bautizara como los "ratoncitos verdes" no logra pasar del tercer encuentro, siempre habrá un sucedáneo para continuar un estado de inconciencia que, entre nosotros, desde hace muchos años, representa la Selección Brasileña y/o la Selección Argentina.

El bombardeo mediático en estos días previos a la patada inicial ha sido brutal y despiadado. No hay espacio deportivo que no esté copado por alguna de las refulgentes estrellas del once nacional, o por los exhaustivos análisis que ponderan las posibilidades reales de pasar sin contratiempos la primera fase del torneo y llegar hasta el quinto partido, por lo visto objetivo supremo y horizonte inalcanzable.

Y, como cada cuatro años, todos, guste o no guste el futbol, caemos en la trampa. No habrá otro tema de conversación, y si a nuestros ratones les ayuda la suerte y les va bien, serán elevados al Olimpo de los Dioses y si, por el contrario, les va mal, serán llevados a la pira. La verdad es que, para muchos, en el Mundial está en juego el honor de la Patria, y su defensa heroica está en los botines de los once que salten a la cancha.

Así son las cosas. Todo lo que no sea futbol pasará a segundo plano. A nadie interesará la discusión de las leyes reglamentarias de las reformas constitucionales en materia energética. De ese asunto prosaico que se encarguen nuestros próceres, que ya habrá tiempo de ajustar cuentas cuando la irritación se acumule y la vuelta a la realidad nos lleve, como cada cuatro años, a buscar culpables.

Todo esto es la enajenación. Es un concepto que utiliza por primera vez Hegel para referirse a la alteración de la realidad y que luego retoma Marx para aludir a la pérdida del hombre de sí mismo, con lo que se cancela la libre actividad humana y hace que las relaciones sociales aparezcan como relaciones entre cosas. Aquí la cosa es el balón, y a su alrededor se estructurará toda la vida colectiva en México y el mundo.

Y en esto vamos todos. Por ejemplo, una de nuestras figuras políticas de referencia, José Woldenberg, escribió esta semana en estas mismas páginas el artículo "México, campeón mundial", aunque aborda el asunto con un sentido lúdico, lejos de la enajenación que amenaza con volvernos de plano una masa estulta. Dice lo siguiente:

"La única manera de gozar -y sufrir- el Mundial es tomando partido por un equipo. Y optar por uno distinto al tricolor resulta no sólo impropio sino imposible. Porque irle a Bosnia-Herzegovina o Nigeria sería muy retorcido; a Brasil, España, Alemania o Argentina, demasiado oportunista, y a Camerún o Australia, extraño. El deporte permite y fomenta un patrioterismo epidérmico -que dentro de ciertos límites- no hace daño a nadie."

Puede. Pero en esta aldea global es cada vez más difícil encontrar en el futbol identidades duras, excepto en los fanáticos, nacionalistas o fundamentalistas. Quienes hemos experimentado el desencanto con la Selección Mexicana tenemos otras opciones, que pueden ser identidades blandas.

Aunque quizás en el fondo guardemos alguna leve esperanza de que algún papel digno se podrá hacer. Sea una u otra cosa, digo que de cara a los acontecimientos, habrá que poner en marcha nuestros propios mecanismos de defensa contra la enajenación.

[email protected]