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La encuesta de GEA

A Mercedes y sus hijos, en recuerdo de un ser humano maravilloso

La encuesta trimestral de GEA deja claro que las dificultades que enfrenta el gobierno son mayores a las que preveía. Los resultados de su gestión económica y de seguridad están disminuyendo el respaldo social al presidente y a su gabinete, justo en el momento donde éstos son necesarios.

El momento es clave, pues si en los próximos meses no se frena el deterioro en los niveles de aprobación de la gestión presidencial y aumenta la efectividad en la instrumentación de las políticas públicas, crecerán los riesgos de ingobernabilidad, endurecimiento de la política y deterioro social.

La encuesta y la información económica que la acompaña indican que la recuperación anunciada por el gobierno no logra cuajar. Estiman que el crecimiento para 2014 será de 2.8%. Los datos sobre el consumo y el crédito no son alentadores. Las caídas en las ventas de Walmart y de las operaciones que se hacen con tarjetas de crédito son preocupantes. Como también lo son la mayor inflación de la canasta básica y la reducción en el gasto de las familias provocada por la reforma fiscal. Respecto al futuro, las expectativas para el próximo año se han deteriorado respecto a las que prevalecían durante el año anterior.

La apuesta del gobierno respecto a que las reformas estructurales traerán mayor crecimiento y nuevos empleos, está lejos de materializarse. La encuesta no mide los efectos de la reforma laboral en el empleo y el salario, pero el estudio sí señala las dificultades en la instrumentación de las otras reformas. Desde el retraso y la congestión de la agenda legislativa, hasta los problemas de instrumentación que se han hecho patentes. De tal forma que, aun concediendo que las reformas logren acelerar el crecimiento, éste ni vendrá tan pronto, ni en la magnitud que ha señalado la propaganda oficial.

Los avances en la reforma política y sus alcances también están en cuestión. Destaca el hecho de que la corrupción se ha vuelto una preocupación mayor. Los escenarios incluyen un análisis serio de la seguridad, con sus datos duros de un menor número de homicidios dolosos, pero de crecimiento del secuestro y la extorsión. La información la presentan por estados, tanto en números absolutos como relacionados con el tamaño de su población. Aparecen con claridad los sitios donde se presentan los mayores riesgos.

Con la información sobre las percepciones sobre la economía, la seguridad, los impuestos, la corrupción y la impunidad, no es de extrañar que los datos sobre la gestión del gobierno de Enrique Peña Nieto y de su gabinete, hayan caído significativamente. La pregunta sobre si aprueba o no aprueba la labor del presidente, en cinco trimestres ha pasado de 55% a 37%. Hoy, con una aprobación de 37%, no aprobación de 52% y un 11% de no sabe. Aun descontando los no sabe, la aprobación ronda sobre un 42%, una cifra inferior a la registrada en los últimos años y sólo comparable con la de los momentos más agudos de la crisis económica de 1994-95.

Aunque los autores del estudio simpatizan con el enfoque de las reformas llevadas a cabo por la actual administración, empezando por la reforma energética, no dejan de señalar con objetividad los riesgos que están presentes. Con seguridad desean que el gobierno actúe y tenga éxito.

Para mí, la conclusión que saco del estudio es que el gobierno tiene ante sí un problema serio de manejo de los tiempos: necesita lograr resultados para evitar que se siga deteriorando el apoyo de la sociedad y su enorme publicidad no se convierta en un boomerang. El argumento de que las reformas estructurales dan resultado a largo plazo, en años, no es un argumento convincente para una población a la que se le han ofrecido resultados muy concretos y que está siendo dañada por las políticas del gobierno. Los siguientes nueve meses serán decisivos. ¿Cómo se contiene el declive? Desde luego no logrará con más publicidad y, menos aún, con mayor dureza.