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La enfermedad del poder

ITINERARIO POLÍTICO

Dice un viejo refrán popular. "El poder atonta a los inteligentes y vuelve locos a los tontos". Y dice otro. "El poder absoluto corrompe absolutamente".

Y sin duda que algo de eso ocurrió en los últimos 30 años en Michoacán, en donde nada —sea institución, religión o presión—, fue capaz de contener la ambición sin límite por acceder a alguna de las formas de poder: institucional, político, empresarial, económico y hasta religioso.

Algo pasó en Michoacán, en donde distintos sectores sociales se negaron a seguir las reglas, los caminos y las tradiciones para acceder a los poderes clásicos: público, político, empresarial, económico, liderazgo social y hasta religioso.

Todos saben que para acceder al poder público se debe hacer carrera burocrática y/o participar en una elección y resultar vencedor. Todos entienden que para acceder al poder político se debe hacer carrera en un partido político; que para alcanzar el poder económico o empresarial son necesarias habilidades específicas y mucho esfuerzo, y que el poder social se logra gracias a cualidades como carisma, liderazgo, congruencia y las infaltables acciones ejemplares. Y el poder religioso se consigue con la depuración de una vocación social y al abrazo a tal o cual denominación religiosa.

Sin embargo, con la aparición de "La Familia Michoacana" y luego con "Los Caballeros Templarios" —grupos criminales cuyos fundadores entendían del liderazgo ejemplar, la vocación religiosa y el monopolio de la violencia—, en Michoacán se desarrolló no solo una nueva forma de poder; el poder del crimen, sino una competencia por todas las formas del poder.

TODO EL PODER Y TODO EL DINERO

Es decir, que los ideólogos de "La Familia" y luego de "Los Templarios" construyeron su ejército y luego sus objetivos programáticos y estratégicos, no sólo para arrebatar el poder a las instituciones del Estado, tampoco el poder a los gobernantes y políticos. Tampoco pretendieron quitar su porción de poder y dinero a los empresarios y menos intentaron sustituir los liderazgos sociales y hasta religiosos.

No, lo cierto es que "La Familia" y "Los Templarios" iban por todo. Su objetivo era someter por igual al poder institucional, que político, empresarial, económico, social y religioso, para constituirse en un poder fáctico, capaz de estar por encima de todos los otros poderes en Michoacán. Y a la vista de los hechos, lo lograron, hasta que nació un poder alterno y emergente de la sociedad: las autodefensas.

Pero si se analiza todo lo que ha pasado —y sobre todo lo que está por ocurrir—, tendremos que llegar a la conclusión de que asistimos al fracaso del Estado y al triunfo del poder fáctico por sobre las instituciones. Y es que el poder del crimen y la violencia —con el uso sin control de armas iguales o más poderosas que las oficiales—, sometió al poder legal, sustentado en la ley; sometió al poder institucional, a los poderes político, empresarial y al poder social.

Antes de aparecer las autodefensas y del relevo oportuno de la Federación, las nuevas leyes eran las que habían impuesto "Los Templarios", cuyo poder sometió al secretario de Gobierno y luego gobernador interino, a decenas de presidentes municipales, a diputados federales y locales, a senadores, a empresarios, agricultores, ganaderos, sacerdotes y hasta a periodistas.

DELIRIO DE PODER

Pero el fenómeno michoacano tiene mucho más de fondo. Hasta donde es posible asomarse la disputa ya no sólo era por el hierro, por las drogas, por el cobro de piso y menos por la extorsión. No, en las semanas previas a la aparición de los autodefensas la disputa era una pelea del poder por el poder. "Los Templarios" llegaron al extremo de pretender someter desde el mismísimo gobernador hasta el más humilde ciudadano. Por eso la crisis llegó al clímax y sobrevino el estallido. El poder en Michoacán se había convertido en moneda de cambio.

Y es que cuando surgieron las autodefensas —modalidad virtuosa del pueblo organizado y bien armado, jamás será derrotado—, en realidad se creó una nueva y potente forma de poder que no sólo contaba con la organización social para defenderse del poder criminal de "Los Templarios", sino que contaba con organización, armas y, sobre todo —y lo más importante—, un rústico pero efectivo sistema de inteligencia e información. Es decir, que los grupos de autodefensas sabían quiénes eran, dónde estaban y el modus operandi de sus adversarios.

Lo curioso es que sin esa nueva moneda de cambio en que se convirtió el poder de las autodefensas en Michoacán —grupo que por necesidad y condición operaba al margen de la ley—, el gobierno federal habría podido hacer poco o nada contra "Los Templarios". En otras palabras, resulta que la ilegalidad de los autodefensas y su convicción de morir en defensa de un ideal fundamental de supervivencia y autodefensa —ya que tomaron en sus manos el papel del Estado, que está obligado a defender la vida y los bienes de los ciudadanos—, les dieron el poder y la legitimidad necesarios para arrebatarle el poder criminal a "Los Templarios".

NACE EL NUEVO MICHOACÁN

Por eso, es más que simbólico —en realidad es un evento fundacional—, el evento en el que se produce el desarme de autodefensas y su conversión y dotación de armamento como policías institucionales en los municipios donde nació la resistencia civil. Es emblemático que el primer paso de desarme e institucionalización de la policía se lleve a cabo el 10 de mayo.

Sin embargo, si bien con todos esos símbolos del poder institucional nace un nuevo Michoacán, también es cierto que sigue presente la enfermedad del poder por el poder. Y es que primero fue Hipólito Mora, quien en su papel de líder de autodefensas cometió todos los abusos que dijo combatir y hoy es el doctor José Manuel Mireles quien está en la picota, señalado como implicado en cinco asesinatos.

Por lo pronto, nadie puede cantar victoria en Michoacán. ¿Por qué? Porque si bien en un mes habrán desaparecido las llamadas autodefensas, eso no significa que el problema está resuelto. Y es que sigue en libertad el autor intelectual de la construcción de uno de los poderes fácticos más sanguinarios en décadas y, sobre todo, sigue viva la cultura de la impunidad, la desconfianza en la ley y siguen libres muchos servidores públicos, políticos, empresarios y hasta periodistas que se coludieron con "Los Templarios". Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx