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La gangrena de Los Chuchos

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La amarga noche de la diputada Purificación Carpinteyro amenaza con prolongarse para ella y para sus padrinos en el PRD, la corriente de Los Chuchos que controla hace años la dirección, la burocracia, y la interlocución con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Pero tan fuerte como soberbia, Carpinteyro se encuentra en un pantano en donde entre más se proyecta como víctima, más se hunde y lastima a sus padrinos, que la aislaron por su bien, pero sobretodo, se puede argumentar, porque era una gangrena que empezaba a contaminarlos.

Carpinteyro se colapsó políticamente cuando se difundió hace dos días una grabación donde invitaba a un viejo colega a un negocio de telefonía celular. La conversación que la mostraba eufórica por la posibilidad de volverse millonaria, generó un problema político para Los Chuchos, quienes la recogieron de la calle cuando luego que el presidente Felipe Calderón la expulsó del gobierno, la hicieron diputada y le consiguieron la Secretaría de la Comisión de Telecomunicaciones.

Horas después de difundirse la grabación, el presidente del PRD, Jesús Zambrano, y el expresidente, Guadalupe Acosta Naranjo, la respaldaron. En el Senado, el distanciado miembro de Los Chuchos, Miguel Barbosa, coordinador de la bancada en esa cámara, afirmó que la diputada debía excusarse. No eran los planes la mañana del miércoles, pero se volvió inevitable, por cuestiones de sobrevivencia.

La afirmación de la diputada y de sus padrinos –por omisión– que no había conflicto de interés en buscar hacer un negocio mientras ella forma parte de quienes legislan las leyes para facilitar ese tipo de negocios, contraviene el reglamento de la Cámara de Diputados que obliga a los legisladores a informar de los asuntos en que tengan intereses o puedan obtener beneficios personales, así como a excusarse de participar en la discusión y gestión de leyes.

La ley los atrapó a todos. Si la diputada no se ha dado cuenta que incurrió en un conflicto de interés y que podría, si sus opositores lo desean en la Cámara, iniciarle un juicio político para desaforarla, sus padrinos Los Chuchos, sí se percataron de ello. La obligaron a excusarse horas después que afirmó no lo haría, porque no actuó con honestidad y transparencia al no informar a nadie en la Cámara que estaba buscando financiamiento para iniciar un negocio en el campo de su materia legislativa, lo que refleja dolo y malicia. Carpinteyro responderá por lo que le toque, si se procede a enjuiciarla políticamente, pero Los Chuchos no podían seguir respaldándola de manera incondicional sin pagar costos por ello.

La posición de Barbosa fue la primera llamada de atención. Desde hace meses el senador se ha enfrentado con Zambrano por la forma como la dirigencia del PRD negoció con el gobierno dentro del Pacto por México. Al tiempo que se dieron los choques, Barbosa mostró cercanía creciente con Andrés Manuel López Obrador, cuyo incipiente partido Morena representa un riesgo político para el PRD en las próximas elecciones. El respaldo que le estaban dando a Carpinteyro ante el evidente conflicto de interés y la ilegitimidad en la que incurrió, alimentaba la percepción de deshonestidad en Los Chuchos, que ha sido una crítica constante dentro de la izquierda.

Los Chuchos representan la corriente reformista de la izquierda mexicana, pero han ido perdiendo legitimidad en ese sector por el maridaje con gobierno en todas las reformas que se han aprobado. Inclusive en la Reforma Energética, la dirección del PRD buscó en privado darle votos al PRI en ese tema, pero fue derrotado. Los propios reformistas dentro del PRD no están de acuerdo con la conducción actual de la dirigencia, y han perdido a sus voces críticas. Los Chuchos se han quedado aislados dentro de la izquierda, aunque mantienen la dirección, la alianza con el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, y el picaporte en Los Pinos. Pero en términos políticos y electorales, nada de esto es suficiente. La percepción creciente dentro y fuera de la izquierda, es que el gobierno de Peña Nieto los cooptó, y a un año de la elección intermedia federal, por lo que las condiciones políticas en las que se encuentran, son adversas.

En cambio, López Obrador, la única Ave Fénix de la política mexicana, mantiene un mínimo de seis puntos porcentuales del electorado como marca política y sin campañas en puerta. La derechización de Los Chuchos y sus aliados han vuelto a abrir la puerta a la izquierda democrática aplastada por esa corriente, y a la izquierda social de López Obrador, que están tejiendo alianzas tácticas informales para buscar una votación el próximo año que los coloque en una buena plataforma para las elecciones presidenciales en 2018.

El apoyo incondicional que le empezaron a dar a Carpinteyro parecía una proyección del subconsciente que se percibe afuera: que no son honestos, que son oportunistas, y que carecen de un verdadero proyecto de nación. Tarde, pero se dieron cuenta que ese respaldo era una gangrena que les iba a subir por el cuerpo. Mejor cortarse la pierna de Purificación y dejar que la contaminación, si eso es lo que sigue, se quede en la diputada. Finalmente, ella sí es una pieza desechable dentro de la corriente.

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