Opinión

La herencia de Benito Juárez

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Farbel

Aquí cito algunos juicios de historiadores sobre la conducta de Juárez y sus consecuencias en el sistema político antipatriótico y deshonesto que soportamos con tanto disgusto. Celerino Salmerón, en su libro Las grandes traiciones de Juárez vistas a través de sus Tratados con Iglaterra, Francia, España y Estados Unidos, dice: “La política exterior de Juárez, especialmente con los Estados Unidos de Norteamérica, es negra y sucia como las aguas de un albañil.

Un sólo tratado, cualquiera de los que insertaré en el presente capítulo, bastaría, por lo inicuo y por lo profundamente antinacional, para enterrar a Juárez y la memoria de Juárez a 100 mil metros de profundidad bajo la superficie del mar Muerto, a fin de que no fuera a resucitar y a fin de que no siguiera siendo el modelo más perfecto del antimejicano en nuestra patria.

Sin embargo, por obra y gracia de la sacra congregación de ritos liberal-revolucionaria, especializada en canonizar santones liberales y revolucionarios, Juárez es, para desgracia de las generaciones mejicanas pasadas, presentes y futuras, el fetiche selvático que aterra con su fealdad a ciertas multitudes intelectualmente famélicas; el juarismo traidor es asesino de almas, porque es un movimiento ideológico falso, perverso, dirigido directamente contra la verdad y contra Dios, origen de toda verdad.

De allí la urgencia de desacreditar al ídolo zapoteco, mediante la exposición y difusión de la verdad histórica”. Y este autor, Salmerón, analiza y demuestra la vileza abyecta de Juárez, minuciosamente en los tratados realizados con las naciones mencionadas, cuestiones que son completamente ocultadas en las escuelas por órdenes del Gobierno, en la falsificada e indigna “historia oficial”.

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y entérate de todo