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Opinión

La historia real

Por: Agustí­n Galván

En su documental El Impostor (2012), el director Bart Layton utilizó algunos recursos y técnicas del cine de ficción para dotar de mayor drama a la historia real de un joven francés que se hace pasar por el hijo adolescente perdido de una familia texana. Ahora, para su más reciente película: American Animals (2018, Reino Unido y Estados Unidos), Layton hace una película de ficción que utiliza recursos y técnicas del cine documental. Y lo hace para contar la historia de cuatro estudiantes que un día decidieron cometer un robo que obviamente se les sale de control. Y como nos advierten los créditos iniciales de la cinta: esta película no está “basada” en una historia real. Luego, la palabra “basada” se borra y nos queda durante algunos segundos la frase: “Es la historia real.”

El protagonista es Spencer Reinhard (Barry Keoghan), un estudiante en la carrera de arte en la universidad de Transilvania, Kentucky, que en el 2003 se entera que en la biblioteca de la escuela existe una dotación de primeras ediciones bastante raras que, según, en el mercado negro tienen un precio de 12 millones de dólares. Y, como dice uno de los personajes: “…solo están cuidados por una anciana”. Reinhard recluta a tres compañeros para cometer el atraco. De esos tres, el que tiene mayor “experiencia” en el asunto criminal es Warren Lipka (Evan Peters), mientras que Chas Allen (Blake Jenner) y Eric Borsuk (Jared Abrahamson) son solo apoyo.

American Animals, que toma su nombre de una cita de uno de esos libros que quieren robarse: una edición rara de El Origen de las Especies de Charles Darwin que incluye una descripción sobre la flora y la fauna de Kentucky, es una heist movie con todas las de la ley. Por ello, gran parte del metraje se va en ver cómo ese grupo de jóvenes inexpertos arma el robo paso a paso. Aunque cada decisión que toman y cada elemento del plan que van armando, es cotejado, criticado y hasta censurado por los verdaderos Reinhard, Lipka, Allen y Borsuk. Han pasado 14 años, han cumplido sus condenas y ahora están ahí hablando sobre sus acciones e interactuando con sus contrapartes de ficción. Con ello, junto con las varias entrevistas con gente que conoció a las jóvenes, logran un tapiz que no solo versa sobre la objetividad y la subjetividad de la narrativa.

También alcanza para evaluar el peso de la memoria y, claro, lo difícil que resulta decir que algo es verdad. Y qué importa si lo hemos vivido.

¿Necesitaban el dinero esos cuatro jóvenes? Desde el inicio se nos deja claro que no. Sin ser de familias adineradas, la naturaleza del robo va más allá de una necesidad por tener dinero para lograr algo. Y eso es lo que hace que American Animals se convierta en una cinta de interés: un estudio sobre una generación cuyo principal objetivo es demostrarse a sí misma que todos los demás se equivocan, que en realidad pueden lograr lo que se propongan. Y qué importa si eso es un crimen. Basta que en la página principal de Google le den clic ahí donde dice: “Voy a tener suerte…”.