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Opinión

La influencia de la posverdad en la política

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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audima

Las personas todo el tiempo hablamos de política, pero no necesariamente sabemos de qué estamos hablando cuando nos referimos a ciertos temas políticos.

Comentamos lo que escuchamos, lo que leemos, lo que nos dijo el amigo o el vecino pero nunca, o muy pocas veces, sometemos a juicio nuestros comentarios sobre estos temas. 

A lo largo del tiempo, incluso desde la época griega, la política ha ido mutando para mantenerse tal y como la conocemos hoy en día. Manteniendo las características que la definen, se ha visto en la necesidad de adaptarse a lo sensible de una sociedad cada vez más exigente, autoritaria y narcisista, dicho sea de paso que hacen uso de ella para interés mezquinos quien en su momento ostenta el poder.

Es por eso que hoy en día los debates cada vez son más acalorados, ya no se busca llegar a un consenso sino más bien el debate versa en buscar quién tiene la razón sobre el tema a discutir.

Y esto es porque lo mediático y lo político ya no forman parte de esferas independientes, la posverdad es una categoría que nos permite entender cómo estas dos premisas son parte de un mismo juego, de un mismo dispositivo o de una misma narrativa de la realidad social. Todo poder necesita ejercerse haciéndose pasar como forma natural de la humanidad y a su paso, deja restos de humedad de mentiras y verdades a medias. 

Vivimos en una realidad amorfa, imposible de ser interpretada bajo un esquema de verdad absoluta por miles de pruebas que lo sustenten. Causas que originan lo que hoy conocemos como la posverdad.

Y lo más triste es que la clase política aún no lo entiende, que creen que colgar un flyer en Facebook es como tirar un volante en la esquina de la avenida Álvaro Obregón. Los acontecimientos que suceden en las redes sociales son tan impactantes que incluso crean su propia realidad, que en algún momento, supone incluso la realidad que el político trae en la mente. Una verdad es verdad si más gente la dice, aunque sea mentira.

Por eso es que a posverdad en nuestros días nos ayuda a justificar lo que creemos. Siendo mentira o verdad nos ubica en el centro de todas las posibilidades para sustentar nuestro argumento, sobre todo porque la tecnología ha logrado que la información fluya como cascada y que podamos echar mano de cualquier ejemplo para poner en contexto nuestra afirmación. Nos enfrenta con otras personas que también usan de esta herramienta lo que nos lleva a un conflicto infinito por los infinitos recursos de los que podemos echar mano.

Y estas herramientas, desafortunadamente, son letales cuando se habla de política porque nos impiden encontrar una verdad que nos ayude a juzgar correctamente a los Gobiernos, la posverdad manipula conscientemente las decisiones de las personas para enfrentarlos a debates que inducen a elegir en muchas ocasiones, erróneamente entre un político u otro.

La naturaleza de la política no ha sido lo suficientemente ágil para defenderse de la posverdad, sobre todo porque algunos apuestan por las fake news. Y todo esto no para hacer de la política un instrumento de bien, sino para hacerse del poder. 

Acá la emoción juega un papel determinante en esta lucha entre un supuesto bien y un supuesto mal, pues hace que los hechos objetivos sean menos influyentes en la creación de una opinión personal sobre lo político, apreciamos lo que nos toca el corazón, más allá de lo que sea correcto o no.

Por eso es que también, herramientas como el neuromarketing hoy en día dirige la opinión pública. Las redes sociales dan un claro ejemplo de ello. La posverdad nos deconstruye, nos invita a seguir un camino que nos dirige a un lugar desconocido, o a una decisión equivocada. Pero sobre todo nos hace reflexionar en que somos los humanos quienes creamos los monstruos que muchas veces, no somos capaces de controlar.

O lo que es peor, que paso a paso la política deja a la vorágine del tiempo crear una verdad que muchas veces ni siquiera lo habían pensado, de repente cada acción y cada opinión crean de cada personaje una opinión pública distorsionada, como si se caminara solo para adelante pero sin saber para donde.

Nos vemos en la próxima.

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