Opinión

La investigación jurídica hoy

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Por: Maite Azuela

El presidente de la Mesa Directiva del Senado, Luis Miguel Barbosa Huerta tendrá varios reflectores encima durante los próximos días. Su compromiso como legislador y su explícita voluntad de representar a la izquierda en un ambiente de acuerdos que involucra a las otras fuerzas políticas, genera francas expectativas sobre cómo conducirá el proceso de selección para ratificación o relevo de la Presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Barbosa pareciera ver con buenos ojos la actuación de Raúl Plascencia tras sus conclusiones sobre el caso de Chalchihuapan, y señala que las recomendaciones no deben determinar responsables; espera en cambio que sea la fiscalía que se creó para tal efecto la que defina quienes deben pagar por las violaciones a los derechos humanos que ahí se cometieron. Independientemente de cómo percibe el senador el trabajo del ómbudsman nacional al respecto de este caso, su propio desempeño estará a la vista de todos antes del 16 de octubre, ya que de él depende en gran medida que el nombramiento del presidente de la CNDH resulte de un proceso transparente, abierto e incluyente que considere las preocupaciones de la sociedad civil, las experiencias de las víctimas y que garantice que además de Plascencia se incorporen al proceso de selección perfiles alternativos que sean evaluados a los ojos de todos los ciudadanos.

Si apelamos a la vocación representativa de Barbosa, podemos confiar en que no repetirá el proceso poco transparente, y apresurado con el que se ratificó, en su momento, a José Luis Soberanes, quince días antes del nombramiento sin consultar a las asociaciones de la sociedad civil, ni realizar una evaluación cuyo resultado fortaleciera institucionalmente a la Comisión. A estas alturas de nuestra democracia, no es permisible o por lo menos no debiera serlo.

Es desde el Legislativo en donde la legitimidad de los procesos de selección de autoridades se pone a prueba. El diagnóstico general de nuestras instituciones presenta todavía fuertes fallas de capacidad y eficacia para abordar los problemas que afectan a la sociedad, en el caso de la CNDH la protección de las víctimas, su credibilidad y la percepción que de ella tiene la población no son asunto de excepción.

El nombramiento del Senador Barbosa como presidente de la Mesa Directiva sería un referente de cambio si de su trabajo legislativo se derivan evidencias dinámicas que materialicen realmente el equilibrio de fuerzas políticas sin congelarse en las imágenes simbólicas. Es un buen momento para mostrar que entiende su cargo como un espacio de representación pública con el que debe reafirmar su trayectoria, más que como un buen acuerdo político que le ha quedado a deber a un par de colegas.

Conocemos el esfuerzo del senador perredista como pionero para impulsar garantías de transparencia y rendición de cuentas en líneas transversales que tocaran todos los ámbitos de las políticas públicas, ya que fue el primer legislador que puso sobre la mesa, la creación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. Reconocemos también el valor agregado que ve en la réplica para la consolidación de instituciones democráticas, en tanto que en el año 2001 fue quien propuso las reformas para que durante su informe, el Presidente de la República escuchara las réplicas de los grupos parlamentarios. Si procede consecuentemente con estos actos, en los próximos meses habría de convocar a la realización de un proceso de selección que se caracterice por oportuno, limpio, imparcial y plural.

Hay pocas oportunidades para priorizar iniciativas que promueven reglas claras y permitan procesar los conflictos de interés favoreciendo los intereses de los representados. Esta sin duda es una posibilidad que esperamos que Barbosa, el senador, no debiera dejar escapar.

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