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La liberación del transporte público urbano

POLITEIA

A principios de los años setenta del siglo pasado –¡hace ya más de cuatro décadas!– se produjeron en Culiacán, y con menor intensidad en Mazatlán y Los Mochis, importantes movilizaciones contra el monopolio del transporte público, que buscaba también –como algo secundario y accesorio–, la organización de los que entonces, en el lenguaje radicaloso de la época, llamaban "obreros del volante".

Esas movilizaciones, con el pretexto de rechazar el aumento del transporte urbano, estaban destinadas al fracaso, pues no perseguían sino medir fuerzas con el "Estado burgués", preparar la "insurrección popular" y golpear "el viejo y carcomido cascarón capitalista". Todo terminó en una quema de camiones por los rumbos del estadio universitario, y con una represión indiscriminada que pospuso para las calendas griegas la dignificación de un servicio público de calidad.

Aquella "liberación" terminó en un terrible fracaso. Ahora, desde otra perspectiva, la patronal sinaloense reclama otra liberación para romper –de nueva cuenta, como entonces–, el monopolio camionero, abrir el sector a la competencia y eliminar las barreras a la entrada que hacen que la concesión de permisos esté concentrada en un grupo reducido. Estas son sus palabras:

"El Centro Empresarial de Sinaloa exhorta a los poderes Ejecutivo y Legislativo a trabajar a favor de la liberación del servicio de transporte público urbano, procurando con esto el desarrollo de un sistema eficiente, de calidad, económico y moderno, y con visión de futuro en aras de contribuir al incremento de la calidad".

Estas palabras no son sino la constatación del sonoro fracaso de una política pública puesta en marcha con Red Plus hace apenas unos cuantos años. Lo que hemos visto en mucho tiempo es un profundo desprecio por los ciudadanos, "clientes" o "usuarios" de un servicio que debe ser proporcionado con calidad y eficiencia. Dueños de cuasi-chatarras a quienes sólo interesa el dinero, y conductores que son unos auténticos patanes y que tratan a los pasajeros como ganado, son las imágenes que pueblan el paisaje.

Sería bueno aprovechar la coyuntura y dar un golpe de timón en el tratamiento de esta cuestión. Si queremos realmente hacer de Culiacán una ciudad moderna, atractiva, dotada de servicios básicos de calidad, y de Sinaloa una entidad competitiva, con capacidad de atracción de inversiones, habría que ensayar, intentar una operación de cirugía mayor en el transporte urbano.

En otras palabras, diría que desde los dos principales poderes del Estado habría que atender con sensibilidad la petición, el llamado empresarial, a liberar el transporte urbano de la camisa de fuerza que en todos estos años ha impedido su modernización. Ni el gobierno, ni los clientes o usuarios pueden seguir siendo indefinidamente rehenes del pulpo camionero.

Frente a cada solicitud de aumento de tarifas en el transporte urbano, hay un sentimiento de indefensión, de impotencia de quienes se ven obligados a utilizar las chatarras rodantes para moverse. Este aumento ya está autorizado, aunque aún no entre en vigor, pero algo puede hacerse: voltear patas arriba la estructura de Red Plus para ofrecer un servicio con un mínimo de decoro, y romper el añoso y agraviante monopolio.

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