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Opinión

La llama natural de la imaginación

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Por Francisco Bojórquez

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audima

Qué bello es ver cómo dos artes se unen y confluyen entre sí para inventar obras increíbles gracias a la genialidad del autor, junto a la capacidad de bosquejar mentalmente y plasmar las ideas en creaciones como historias, fotografías, canciones, poemas o pinturas. Quien se me viene a la mente a primera instancia es Juan Rulfo (1917-1986), mítico escritor mexicano, autor de Pedro Páramo (1955), también fue fotógrafo e incursionó en el séptimo arte con la elaboración de guiones como Paloma herida (1963).

A casi ya 70 años de ser publicado su primer libro, El llano en llamas (1953), una obra cumbre de las letras hispanoamericanas, sigue siendo leída por su entrañable y peculiar estilo: realismo mágico -corriente estilística que expresa lo irreal como cotidiano y comunica la emoción, narrando través de sus personajes-. En el libro se reúnen 17 cuentos donde pulula el lenguaje popular y regionalismos a través de diferentes relatos donde está presente la vida del campo, la muerte, conflictos familiares entre padres e hijos, referencias la guerra cristera y revolución mexicana. Dentro de los cuentos, podemos encontrar a: “Nos han dado la tierra”, “Macario”, “Luvina”, “¡Diles que no me maten!”, “No oyes ladrar a los perros”. Ciertamente, a Rulfo le tocó vivir una época posrevolucionaria, por lo que también está presente la pobreza, la desolación y violencia que se dio a principios del siglo XX, cuando él todavía era un niño.  

Su prosa es visual, aquí se ve una influencia de la fotografía en su creación literaria. Crea imágenes poéticas y es preciso al detallar los lugares, hechos, personajes, por lo que dota de verosimilitud a cada una de las historias. Maneja el tiempo sutilmente y sus personajes dan vida al relato a través del espacio y sus diálogos, les da su propia voz y teje una narrativa nueva que fue precursora en sus tiempos; siendo reconocida por otros escritores como García Márquez, Elena Poniatowska, Jorge Luis Borges o Juan Villoro. Si bien es cierto, J. Rulfo era reservado, preciso en sus respuestas, él comentaba en entrevistas que nada de lo que escribió era autobiográfico, pues, decía: “el ideal no es reflejar la realidad tal y como es”, “al escritor, quizá, hay que dejar el mundo de los sueños, ya que no puede tomar el mundo de la realidad”.

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A pesar de no contar con una amplia trayectoria literaria, solo con dos obras se convirtió en un maestro de la narrativa consagrando a sus obras como patrimonio cultural. Un icono, fiel a sí mismo, taciturno, introvertido y carismático, concedió escasas entrevistas, era acechado por la prensa para conocer cuándo publicaría otra novela tras el gran éxito conseguido por su obra maestra Pedro Páramo; sin embargo, harto quizás, respondía, irónicamente que su tío Celerino, quien le contaba las historias había fallecido, dejándole sin más que relatar.

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