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La muerte en Sinaloa

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Hace apenas unas décadas, la muerte de las personas era prácticamente una situación derivada de alguna enfermedad, consecuencia de la insuficiente cobertura médica y de la falta de una mayor cultura del autocuidado, pero hoy, las condiciones han cambiado, pues para fallecer no es necesario enfermar, y así lo revelan las cifras oficiales de los últimos nueve años que confirman la tesis popular de que para perder la vida sólo basta estar en el lugar y en la hora equivocadas.

Y es que aun cuando la principal causa de muerte, desde el 2005 a la fecha, siguen siendo las enfermedades cardiovasculares, seguida por los tumores malignos, provocados por males como el cáncer o las complicaciones de la diabetes mellitus, las muertes violentas en la entidad han saltado del séptimo lugar al tercer sitio, entendiéndose estas, claro, como una consecuencia de los homicidios dolosos y los accidentes.

Para el Sector Salud el hecho de que las dos mayores causas de fallecimiento sean enfermedades como las cardiovasculares o la diabetes tiene que ver con al aumento en la esperanza de vida, es decir, con el hecho de que ahora los sinaloenses viven más años y por consecuencia, alcanzan a desarrollar más complicaciones en su salud debido a los inadecuados estilos de vida.

No es de sorprender que la vejez, en la mayoría de los sinaloenses, esté plagada de enfermedades, de una mala calidad de vida, si al final de cuentas el salario no alcanza para una buena y completa alimentación, mucho menos para aliviar el estrés o tener acceso a médicos especialistas con la rapidez y oportunidad que a veces se requiere y las instituciones de salud no garantizan.

La realidad es que hacen falta políticas públicas que garanticen una mejor calidad de vida, pero para ello habría que tomar en cuenta factores como un mejor sueldo, detener la escalada de precios y facilitar el acceso de familias vulnerables a los diferentes esquemas de apoyo, pues sólo así podrían mejorarse las condiciones de muchas familias que viven en la insuficiencia, expuestos a tener una pronta y silenciosa muerte, o, en el peor de los casos, caer víctimas de un hecho violento.