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Opinión

La muerte tiene permiso

Animal social

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Por Alma Rubí Cantú -

La muerte tiene permiso es uno de los cuentos más representativos de la cuentística mexicana del siglo XX. Su autor es el escritor sonorense Edmundo Valadés. Este fue publicado en 1955. La muerte tiene permiso es un texto que presenta los términos de denuncia y justicia social, es decir, el problema que vive San Juan de las Manzanas, una comunidad de campesinos que se encuentra bajo la opresión de la autoridad. La colectividad habla a través de las voces de los campesinos que van tomando la palabra por turnos, hasta que designan a Sacramento como su vocero. Este personaje expone las razones del porqué el alcalde debe ser castigado (las tierras que perdieron los campesinos injustamente, el aumento arbitrario de los préstamos que se les habían concedido, la muerte del hijo de Sacramento por reclamarle a la autoridad, el cierre del agua del canal, la violación de dos muchachas del pueblo), pues todas las injusticias tienen al mismo culpable: el presidente municipal, protegido por las autoridades centrales. El campesino habla ante una multitud, frente a un pánel de ingenieros y representantes del gobierno. Valadés dibuja al personaje ante un escenario de impunidad y hartazgo. Sacramento narra ante la congregación todas las ocasiones que han recurrido a diversas autoridades y cómo nunca se les ha respondido a sus demandas: “Y como nadie nos hace caso, que a todas las autoridades hemos visto y pos no sabemos dónde andará la justicia, queremos tomar aquí providencias… solicitamos su venia para hacernos justicia por nuestra propia mano”.

Las desgracias que los campesinos han sufrido conmueven a la asamblea, la cual se divide en dos sectores: los que argumentan en contra de oponerse a las instituciones y estar fuera de la ley que representan, y los que están a favor de los ejidatarios. Al final se somete a votación. “Los que estén de acuerdo que se les dé permiso de matar al presidente municipal que levanten la mano”, “todos los brazos se tienden en alto” Los campesinos agradecen e informan lo siguiente: “pos muchas gracias por el permiso, porque como nadie nos hacía caso, desde ayer el presidente municipal de San Juan de las Manzanas está difunto”.

La muerte tiene permiso puede discutirse en los ámbitos de la realidad mexicana: la impunidad oficial es la misma. La injusticia social y los crímenes de Estado parecen idénticos. Además, podrían sumarse otros rubros: los feminicidios, el narcotráfico, la corrupción, el peligro para la libertad de expresión y el semicontrol de la palabra si difieres de las políticas públicas o con los funcionarios del gobierno. Se han deshumanizado las relaciones sociales, la pérdida de credibilidad en las instituciones y leyes encargadas de procurar justicia es rebasada por sus propias restricciones y vicios.

Sacramento representa a los campesinos sofocados en el hartazgo; son testigos de arbitrariedades, el autoritarismo de los políticos para arrebatar territorios, vidas y del enriquecimiento ilícito. Nada de esto ha cambiado. Es el retrato del México actual; un país de injusticia, impunidad, corrupción y abusos de poder, consecuencia de gobiernos abusivos. El sentir de la muerte y la violencia es una visión actual en nuestra vida cotidiana. Hay momentos en los cuales parece que todo se escapa de nuestras manos y, aun en contra de los derechos, la ética y la equidad, cuántos mexicanos hemos deseado por un momento ser Sacramento y estar frente a una asamblea solicitando la venia, la gracia para tomar la justicia en nuestras propias manos.

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