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La niña

Cuando no se alcanza un objetivo nace una niña llamada frustración. Esta muchachita, con el paso del tiempo puede llegar a convertirse en una señora dominante y abusiva capaz de hacerle la vida imposible a cualquiera.

Todos la conocemos porque todos en algún momento hemos vivido los efectos propios de una insatisfacción temporal. Si se insiste en superar ese tramo con una mentalidad diferente es seguro que obtendremos un aprendizaje, pero si se lucha por lograr lo planeado sin nuevas herramientas o nuevas ideas, tal niña se quedará a vivir con nosotros por un tiempo prolongado.

La frustración se alimenta de confusión y esta no puede vivir sin frustración, son la pareja perfecta. A las dos las guía la necedad, por eso viven en el empantanamiento y la repetición absurda y sin sentido de las mismas actividades.

Es muy fácil detectar a un frustrado pero muy difícil lograr que él lo reconozca porque está convencido de que todo lo que ocurre es por su mala fortuna o porque los astros no se alinearon como se necesitaba.

En la escuela conviven muchos perfiles cercanos a la frustración y se supera por medio de una educación sólida que les hace comprender la diferencia entre una situación frustrante y la realización por medio de decisiones.

Por lo general, cualquier portador del virus de la frustración no sabe nada de su padecimiento hasta que la educación le hace caer en cuenta de que necesita eliminarlo.