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La novela inconclusa…

AKANTILADO

Hace ya siete años, en un habitual recorrido por las desoladas librerías de la ciudad, me encontré (cosa difícil) con una grata novedad: la tercera edición de La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, del escritor sinaloense César López Cuadras (fallecido en abril del año pasado), publicada por Ediciones Arlequín. Con esta novela, López Cuadras ganó el primer lugar en el Primer Concurso de Publicación de Obra Literaria de la Universidad de Guadalajara, en 1993. La sorpresa es que, siendo su primera novela, el autor muestra ya en ella pleno dominio del oficio narrativo. Sus personajes están cuidadosamente trabajados, la historia fluye sin tropiezos y el lenguaje, fundamentalmente coloquial, exhibe riqueza de vocabulario y un oído atento del escritor.

En La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, César López Cuadras trae al famosísimo escritor norteamericano, Truman Capote, a Sinaloa. Es 1975, Capote viaja a tierras sinaloenses para visitar a su amigo Narciso Capistrán, a quien había conocido en Nueva York en condiciones de escritor famélico. Ahora que lo encontró, su nueva imagen le sirvió para resumir el perfil del sinaloense típico: "[…] una figura embarnecida y un paso firme y seguro. Sus jeans se ajustaban al cuerpo, y la media luna horizontal del cinturón contenía una modesta barriga cervecera, que le abría ligeramente la camisa a la altura del ombligo. Adornaba su cara pulcramente afeitada con un copioso bigote de ganadero".

Cansado, con 51 años, y quizá sin reponerse aún del tormento que significó escribir A sangre fría (1966), Capote llega a Guasachi, Sinaloa (donde vive Narciso), para divertirse, comer mariscos y conocer los mentados cuartitos de cerveza que lo acompañarán durante los 8 días de su estancia. De literatura no quiere ni hablar, pero Narciso Capistrán lo recibe (además de con la hielera) con la novedad de que está escribiendo una novela sobre un crimen ocurrido hacía meses en Guasachi. Bernardino Casablanca, hombre práctico, padrote precoz, lenón, empresario exitoso de la vida disipada, príncipe del talón y dueño del más concurrido burdel de Guasachi: el Casablanca, había sido asesinado. Creyéndose el Truman Capote de su pueblo, Narciso quería escribir una obra acerca del crimen, sólo que el expediente aún no estaba resuelto. Ni podía estarlo.

En Kansas, Capote tuvo acceso a los archivos y expedientes judiciales delcaso criminal que indagaba y escribía para el New Yorker, pudo platicar varias veces con el agente asignado a la investigación y entrevistarse sin temores con la gente de Holcomb, donde habían asesinado a una familia ejemplar. Capote caminó al lado de un sistema de justicia que funcionaba; por lo menos hubo una investigación que concluyó con la detención de los asesinos.

La suerte de Capistrán, sin embargo, no podía ser la misma. En México los expedientes criminales no concluyen: se abandonan, se los roban o se les da "carpetazo". Con el puro rumor pueblerino y los mitoteros insaciables de Guasachi era imposible escribir una obra basada, fielmente, en la investigación de un crimen, desde su comisión hasta la sentencia de los condenados. Si aquí los fiscales no investigan y los policías no persiguen, mucho menos detienen. A Capistrán le estaba vedado escribir una réplica sinaloense de A sangre fría pero no una pieza de ficción, una novela. Tenía ya "el universo de aldea" como espacio, los personajes prototípicos de dicha aldea y el registro coloquial, alegre y tracalero de su lenguaje; además, una trama perfecta para su historia. Era hora de ponerse a trabajar y despedir a Capote.

La novela inconclusa de Bernardino Casablanca es la novela (in) conclusa que Narciso Capistrán quiso escribir. Una novela que, sirviéndose de la figura de Capote, dialoga con la novela y su relación con la realidad. En este juego de referencias a la ficción, el autor, al igual que Capistrán, conoce perfectamente su universo narrativo: el norte, el habla coloquial, el béisbol, los caracteres de sus personajes, la interminable fiesta de los prostíbulos, los entresijos de la justicia mexicana, las drogas, la corrupción. Lo que para otros podrían ser clichés literarios, para López Cuadras, gracias a su capacidad para fabular, son recursos que posibilitan la invención de un mundo alterno, completo, justo al lado de un expendio de cerveza: el de Guasachi, Sinaloa. Una excelente historia de un gran escritor.

@IradNieto