Opinión

La ofensa hacia "Héctor Espino"

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Por: Luis Alfonso Félix

Nuestras condolencias a la familia del amigo Miguel Ángel Ahumada Mariscal, quien fue uno de los mejores cronistas de la Liga Mexicana del Pacífico. Murió el domingo y ya está reunido con otras glorias como Agustín D. Valdés, Eduardo Valdez Vizcarra, Fausto Soto Silva, Octavio Ibarra, José Trinidad "Maguito" Obeso, Andrés Vázquez Castro, Mario Thomas, entre otros, figuras que hicieron del micrófono un arte, y que le imprimían esa pasión que solamente este deporte produce. Ellos, y otros más, se encargaron de cincelar, con sus voces y conocimientos, esa época dorada de la pelota profesional en nuestra zona. Descanse en paz.

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Si Héctor Espino viviera, estoy seguro que moriría de vergüenza.

Durante el fin de semana estuvimos en Hermosillo participando en el tradicional curso anual de anotadores oficiales de la Liga Mexicana del Pacífico, y vi con suma tristeza cómo el estadio bautizado con el nombre del mejor jugador mexicano de todos los tiempos cerró definitivamente sus puertas para la disciplina para la que fue construido.

En la excasa de los Naranjeros ya no se escucha más un batazo o un grito de jonrón. El inmueble es ahora casa de los Cimarrones de Hermosillo, en la Tercera División Profesional de Futbol.

Lo único que conserva, además de la tienda de souvenirs de Naranjeros, es el nombre.

¿Qué incongruencias, no?

Cuando algunas ligas esperaban que el gobierno municipal y del estado les cediera el espacio para el beisbol amateur, los intereses políticos se impusieron y se lo concedieron a quienes manejan el balompié. Ahí estaba inmiscuido el entonces alcalde

Alberto López Caballero, quien formaba parte del grupo corporativo de la franquicia, y que más tarde vendió sus acciones a un miembro de la familia Mazón, dueño de Naranjeros.

Me dicen que la orden la giró el gobernador actual, Guillermo Padrés.

El 31 de enero del año pasado, un día antes de la inauguración de la Serie del Caribe y del nuevo estadio Sonora, la estatua de Espino fue trasladada no a la nueva sede del equipo, sino a un bulevar al que le impusieron su nombre. Me contaron que miles de aficionados protestaron el que no hayan colocado la efigie del chihuahuense en el nuevo estadio

Deteriorada. Resulta que el domingo pasado se cumplieron 17 años de su fallecimiento, y que la ceremonia, lejos de realizarla a un costado de su estatua, se llevó a cabo en el estadio de beisbol, perdón, ahora de futbol.

¿Por qué razón?

La estatua de Espino, tras un año de haber cambiado de sitio, luce deteriorada, abandonada y hasta víctima del vandalismo. A la figura le fue arrebatada el bat, algunas letras y pequeñas cosas más.

Más del cincuenta por ciento de la figura está cubierta de graffiti, y hasta con dibujos obscenos.

Prácticas. Desde ayer huele a beisbol de la Liga Mexicana del Pacífico en Culiacán. Los Tomateros abrieron su campo de entrenamientos que podría ser el más prolongado en los últimos años.

Las instalaciones de la Japac de nuevo acogen a toda una plantilla en la que –no todos- lucharán por un lugar en ese roster que se maneja con pinzas y que se destapa unas cuantas horas antes de cantarse el playbol. Ustedes saben que los extranjeros no participan en ese "ritual". Ellos se cocinan aparte.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo ÉL sabe si podré hacerlo de nuevo.