Opinión

La política

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Farbel

La política(Imagen ilustrativa/ Pixabay)

La política | Imagen ilustrativa/ Pixabay

La POLÍTICA es una palabra de origen griego, la “polis”, la ciudad, es decir, los intereses de todos los que forman parte de la sociedad y más aún, de la humanidad, pues hay POLÍTICA nacional e internacional. Se trata pues de un asunto de extrema importancia que debe ser comprendido en toda su magnitud, con todas las potencias del alma y del intelecto, en el elevado ámbito del idealismo más sublime, hasta su colindancia con lo Divino, lo sobrehumano y la santidad, porque es, necesariamente, una conjugación de los conocimientos prácticos, las aptitudes y el espíritu que sustenta los valores y los Principios de las conductas ordenadas por la Ley de Dios.

LA POLÍTICA es pues, la actividad que, dotada de autoridad, influye y concierne a todas las demás. Por eso, los que la ejercen por medio de los cargos públicos, ineludiblemente deben ser seleccionados rigurosísimamente, de entre la crema y nata de los ciudadanos, bajo la norma estricta e ineludible de la más intachable rectitud y moralidad.

Y como la “política” actual, aquí y en todo el mundo ha sido desnaturalizada y lanzada perversamente a las antípodas de su genuina razón de ser y de lo que de ella se espera, lo sucedido en México es una farsa grotesca increíble, en la que se resbala y zozobra toda nuestra abundante y prolija legislación, frustrando el añorado estado de Derecho.

Los protagonistas de la farsa, en lo inmediato y directo, son los “expertos” en la materia: los “políticos”, casta desnaturalizada cuyos miembros son fervorosos adoradores de su dios particular: el Benito Juárez, el del 21 de marzo, el traidor más dañino de todos, que dejó muchos discípulos que quieren ser comparados con él, como Carranza y López Obrador.