Opinión

La política de albañal

Por: Aarón Sánchez

Se acaba de dar a conocer que la Coparmex y la fundación Este País solicitaron a las empresas Berumen e Ipsos la realización de un sondeo para conocer la intención de voto. Los datos que presentaron son contundentes y confirman una tendencia muy marcada a lo largo del proceso electoral.

El informe de las empresas encuestadoras muestra lo siguiente: López Obrador obtendría el 41.7 % de la votación; Anaya un 21 %; y Meade el 13.6 %. También se destaca que la coalición encabezada por Morena ganaría las gubernaturas de la Ciudad de México, Morelos, Chiapas, Puebla y Tabasco, y posiblemente también Veracruz.

Se destaca también que, en el Senado de la República, Morena tendría 60 senadores, el PAN 40 y el PRI 22; las 8 restantes se reparten en otros partidos. En cuanto a diputaciones federales, Morena obtendría 191, PAN 125 y PRI 94; las 80 adicionales son para otros partidos. 

Estos datos revelan una verdadera catástrofe para el PRI y para el gobierno federal. Significa que perderán la Presidencia del país y 8 de las 9 gubernaturas en disputa. Ya no tendrán el control del Senado de la República y tampoco de la Cámara de Diputados. Perderán el poder político nacional.

El desastre electoral ya parece irreversible. En lo inmediato solo queda tratar de rescatar lo que sea posible. A esta tarea ahora está abocada la dirigencia del PRI, el gobierno federal y los gobernadores estatales de dicho partido. Tienen que administrar esta debacle. 

El PRI se encuentra en el ocaso. Inmediatamente después de las elecciones, tendrá que realizar cambios internos profundos o desaparecerá. Su desempeño electoral, legislativo y gubernamental le ha generado un marcado rechazo social. La intención de voto revela el hartazgo ciudadano que ahora tiene. 

Por eso el único recurso que les queda para esta parte final de la campaña es hacer política de albañal. Es decir, trabajar en las cañerías, en las cloacas, en el lodo y en la podredumbre. Todo ello bajo aquel viejo principio de que una mentira repetida insistentemente, tarde o temprano, se convierte en verdad política. 

En una desesperada búsqueda de votos, el PRI ha convertido esta elecciones en una ocasión propicia para descalificar al adversario, difundir mentiras, afirmar falsedades, cuestionar principios, erosionar valores y vilipendiar honorabilidades personales. 

Pero la política no puede ser convertida en un albañal, aun cuando electoralmente se considere que es válido tratar de ganar a cualquier costo. Ese tipo de estrategias considera que el electorado es ignorante y que solo reacciona ante el escándalo, la bajeza y el estruendo mediático. 

Pero, en política, los temas que expone un partido constituyen la sustancia de sus propias candidaturas. El mensaje que se utiliza es la identidad que los electores toman como referencia para decidir su voto. He ahí el por qué de los datos del estudio que Berumen e Ipsos hicieron para Coparmex.