Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

La política de las reformas políticas

En México tenemos una larga experiencia en la realización de procedimientos legislativos que tienen como fin modificar las normas que gobiernan los procesos de conformación de nuestros órganos de gobierno y de representación política. Las reformas políticas han sido el espacio para el desarrollo del diseño de las reglas a partir de las cuales se disputa el poder político en este país. Por eso, generan pasión e, incluso, situaciones de alta confrontación.

Por ese motivo, las propias reformas político-electorales pueden ser observadas como procesos políticos en sí mismos. Así se entiende cómo, a principios de los años cincuenta del siglo pasado, se desató una intensa polémica al interior del partido en el gobierno, respecto de la pertinencia de otorgar el voto a las mujeres. Muchos sabían que no podían retrasar más el reconocimiento de un derecho ciudadano que se extendía en todos los países democráticos. Pero también muchos de ellos temían que la participación electoral de las mujeres fortaleciera a la oposición conservadora y, en esa medida, debilitara la consolidación de un sistema de partido hegemónico que se empezaba a acostumbrar a ganar "de todas, todas".

Una década después, una parte de la oposición mostraba signos de cansancio por acudir a elecciones que estaban perdidas desde antes de realizarse. El arrastre social del partido de la Revolución y la falta de equidad en las reglas de la competencia producían elecciones sin opción, en las que las oposiciones se consolidaban como "nacidas, para perder". Por eso se reformó la Constitución, para crear los diputados de partido. Esos que la oposición obtenía, por su porcentaje de votación, aún sin haber ganado ningún distrito.

Luego de la tragedia de 1968, no sólo se redujo la edad para votar (de 21 a 18 años) sino que se llevó a cabo la elección típica del sistema de partido hegemónico que, además, llevó a muchos a aceptar que era necesario cambiar. Claro que no faltaron los que pensaron que era posible "cambiar, para que todo siga igual". Lo cierto es que la reforma política posterior a las elecciones de 1976 cambió de manera significativa la operación del sistema electoral y empezó a mezclar los ingredientes en los que se "cocinó" el fin del partido hegemónico.

La elección presidencial de 1988 llevó "a punto" ese proceso. La salida de un grupo de dirigentes del partido hegemónico; el desempeño electoral de la alianza conformada por cuatro partidos de izquierda; la nueva conformación del Congreso, sin mayoría absoluta para el partido del Presidente y la disposición del mayor partido de la oposición, dieron paso a un nuevo proceso de reforma política. Las reglas negociadas a principios de la década y perfeccionadas con la reforma de 1996, sirvieron para dar cauce a la consolidación de un sistema plural de partidos, que compiten en condiciones de equidad por el poder político.

No obstante, ese marco reglamentario no fue suficiente para otorgar certeza al resultado de una elección presidencial altamente competida. Por eso fue necesaria una nueva reforma que incrementó significativamente la equidad en la competencia e instauró procedimientos para verificar el resultado de una nueva elección "muy cerrada". Con esas reglas se renovó la Cámara de Diputados en 2009 y en 2012. En este último, se eligió además la totalidad de los miembros del Senado y al presidente de la República.

El ciclo de reforma política que está por concluir, empezó cuando el Presidente y los dirigentes de los principales partidos políticos firmaron el Pacto por México y establecieron las líneas de trabajo de ese proceso. El objetivo principal fue llevar los niveles de equidad y certeza que se han alcanzado en las elecciones federales al ámbito local. No era mala la idea. La ejecución fue deficiente, pues la reforma se volvió moneda de cambio.

Twitter: @leonardovaldesz