Opinión

La reforma postergada

IDEAS PARA EL CAMBIO
Avatar del

Por: AARÓN SÁNCHEZ

Postergar es sinónimo de abandonar, desatender, descuidar, marginar y omitir. Y eso es lo que le ha sucedido al campo mexicano. El gobierno federal impulsó, con acierto y bastante éxito, un conjunto de once reformas jurídicas que impactan la estructura social, económica y política del país. Sin embargo, la reforma del campo fue postergada, aun y cuando es la más necesaria y urgente.

Después del abandono del campo, la llegada de un nuevo gobierno federal reactivó la esperanza. Pero en dos años de promover diversas reformas estructurales para impulsar el crecimiento económico, dejó en claro que el campo ha dejado de ser prioridad nacional. Los problemas sociales y productivos se siguen acumulando.

En las comunidades rurales se encuentra buena parte de la pobreza extrema en el país. El aumento de costos es permanente y los precios de mercado van a la baja. Los problemas para la comercialización de las cosechas son cada vez más complejos y conflictivos. Por ello es urgente intervenir.

Pese a la importancia social, económica y regional del campo, la inversión es cada vez menor. El financiamiento bancario se reduce. La inversión extranjera no llega, y los diversos programas gubernamentales han ido de fracaso en fracaso. El sector primario aún padece problemas estructurales que amenazan su viabilidad productiva y configuran un catastrófico escenario social.

Desafortunadamente, los liderazgos sociales han venido a menos. Ahora no existe alguna organización, grupo o personaje que enarbole propuestas viables para sacar al campo mexicano de la situación de deterioro. Pero hay que hacerlo, por razones de soberanía nacional, de justicia social, pero también por razones de gobernabilidad política. México nunca será una nación viable mientras el campo permanezca en el abandono.

Se requiere mucho oficio político para impulsar una nueva política nacional hacia el campo. Con argumentos y propuestas viables, habrá que convencer al gobierno federal de que se necesita mayor inversión en infraestructura, más recursos fiscales, y se debe contar con presupuesto garantizado para sostener un plan de inversión para al menos 10 años.

Además, es urgente simplificar la entrega de recursos y hacer realmente accesibles las reglas de operación de los programas gubernamentales. También se hace necesario revisar a fondo las condiciones en que se compite en los mercados internacionales, pues eso se toma como referencia para determinar los precios internos.

De igual manera, es importante redefinir la política de subsidios directos e indirectos, pues ahora está claro que desaparecer estos apoyos no fue la mejor alternativa. El resultado ahí está: millones de familias padecen el deterioro en sus condiciones de vida. Por eso, hoy se requiere una nueva política nacional para el campo. Una nueva política de Estado que incluya programas gubernamentales realmente eficaces y con visión de largo plazo.