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Opinión

La región del Évora durante la conquista de los españoles

ESPECTADOR

Por Jesús Rafael Chávez Rodríguez

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“El pasado se remonta hacia atrás desde donde ahora nos encontramos, y ya no somos actores de la historia sino espectadores que se han decidido a hablar.”  Siri Hustvedt 

El presente espacio de difusión histórica pretende ser una ventana al pasado universal del ser humano, por lo que nos convertimos en espectadores activos del pasado, y en esta publicación inicial nos acercamos a un acontecimiento que marcó los inicios de la historia moderna de nuestra nación y de la región que habitamos: la conquista de México y de la región del Évora.  

Nos remostamos entonces a la caída de Tenochtitlán en 1521, y aunque no recordemos la fecha exacta, por los libros de historia sabemos que el 13 de agosto de ese año aconteció la captura de Cuauhtémoc, último emperador azteca, lo que significó la caída definitiva de la gran ciudad Mexica. Nos encontramos a unos días de la conmemoración de la conquista de Tenochtitlán a 500 años de distancia temporal, donde, gracias a la historiografía regional, sabemos que los procesos de conquista y colonización no han sido similares.   

Al incursionar los españoles en la conquista del Noroeste, en el territorio que hoy ocupa Sinaloa la población indígena se encontraba distribuida sobre los márgenes de las corrientes fluviales que bajaban de la zona montañosa a los valles. Los ríos han tenido gran relevancia histórica a través del tiempo ya que actúan como elementos geográficos delineadores de poblaciones y regiones, por ejemplo, podemos ver a Mesopotamia que florece como una cultura de importancia entre los ríos Tigris y Éufrates, Egipto sobre el delta del Nilo, Roma sobre los márgenes del Tiber, asimismo, en nuestro espacio cercano, los ríos en Sinaloa y Sonora fueron los que delinearon los primeros asentamientos, que históricamente han prevalecido incluso hasta la actualidad.  

La historiografía sobre el noroeste mexicano coincide en la clasificación de tres regiones con pequeñas poblaciones en el espacio que hoy ocupa Sinaloa, que según nos plantea Guillermo Ibarra, para esta época contaba con un número aproximado de 350 mil habitantes. Una de estas zonas es el sur, delimitado por río Piaxtla hasta el río Cañas, en donde actualmente se encuentran los municipios de San Ignacio, Mazatlán, Concordia, El Rosario y Escuinapa, cuyo centro era Chametla, con una población aproximada de 80 mil individuos; el centro, delimitado del río Piaxtla hacia el norte hasta el río Mocorito, con grupos de mayor nivel de desarrollo, sobre todo los más cercanos al río Culiacán, cuyo lugar central estaba en este asentamiento, en la zona habitando alrededor de 200 mil individuos; al norte del río Sinaloa, en las cuencas de los ríos Mocorito, Sinaloa, Ocoroni y el Fuerte, existían pueblos semisedentarios, de un nivel cultural más bajo que el del centro, esta zona constituía alrededor de 70 mil habitantes. 

En la región situada sobre el Río Sebastián de Évora habitaba un porcentaje muy reducido de la población ya mencionada, aunque estaba ubicada en los límites de la zona de influencia de Culiacán, López Alanís menciona que en este espacio existían solo cinco pueblos de cristianos, en los que había un poco más de 1,100 personas bautizadas, además de otros dos pueblos en la orilla del mar donde había unos 600 bautizados. 

En la primera etapa de penetración española comandada por Nuño Beltrán de Guzmán después de fundar las villas del Espíritu Santo en Chiametla en 1530 y la de San Miguel de Culiacán en 1531, los soldados de Nuño exploraron el río Mocorito, siendo el capitán Pedro Almíndez Chirinos el primer español que tocó tierras mocoritenses, en compañía de los capitanes Lázaro de Cebreros y Diego de Alcaraz. 

Hacia 1532 Diego Hernández de Proaño, alcalde de la villa de San Miguel de Culiacán, autorizó a Sebastián de Évora para explorar el río Mocorito, al que impuso su nombre, siendo uno de los primeros pobladores y encomendero de la comarca que llamaban también Macorito (sic), tierras de las que tomó posesión. Tales pueblos Mocorito, Baibachilato, Comanito, Bacubirito, Capirato, Teraguito, El Palmar y La Ciénega, quedaron designados como de Sebastián de Évora, los cuales abandonó cuatro años después en 1536, según lo apunta López Alanís. 

Sebastián de Évora, es el personaje a quien se debe el nombre de la corriente fluvial que cruza por la región, que se generalizó incluso para el espacio territorial, lo que le dio la denominación de región o valle del Évora. Este portugués fue un simple habitante, fugaz en este espacio, sin llegar a ser un verdadero poblador, por lo que no existe huella de su descendencia ni de su apellido en la región.  

En cuanto a la designación de este territorio, según las fuentes fue otorgada a Pedro de Tovar por parte de Nuño de Guzmán. Quien, se dice, introdujo en Mocorito y Bacubirito ganado vacuno traído de Guadalajara. Menciona López Alanís que en esta primera etapa de penetración en el valle del Évora, no se consolidaron instituciones jurídicas y económicas que habitualmente se establecían en los dominios conquistados tal como el gobierno municipal, las haciendas mineras y ganaderas, este espacio fue más bien considerado como zona de guerra por la rebeldía que los nativos manifestaron ante los españoles.  

En un posterior intento de dominar a los autóctonos de la región se dice que un tal Coronado, al llegar a la encomienda fracasada de Sebastián de Évora, recibe a los indios que venían en son de paz y al resistírsele de palabra uno de sus dirigentes mandó degollar a ciento cincuenta nativos, lo que exacerbó aún más a los indígenas del Évora. Por tales motivos entre Francisco de Ibarra y Pedro de Tovar se pacta la pacificación de Mocorito a cambio de que Ibarra recibiera los bastimentos necesarios y el apoyo de sus posteriores empresas. 

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Posteriormente en 1594 llegaron los padres Alonso de Santiago y Juan Bautista de Velazco, a quienes arribaron se les comisionó para atender los pueblos asentados a la orilla del río de Sebastián de Évora. A Velazco se le encomendó la evangelización de Mocorito, conformado por doce pueblos pertenecientes a la misión de San Miguel de Mocorito, lo que posteriormente se conoció como misión de Mocorito, dando inicio a un nuevo proceso en la historia de la región. 

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