Opinión

La renovación de los OPLES

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Por: César Astudillo Robles

El cambio de dinámicas institucionales suelen llevar su tiempo, pero la modificación de actitudes personales en muchas ocasiones es más difícil de lograr. Esto viene a colación porque sabemos que en el corazón de la reforma electoral se encuentra la activación de una nueva fórmula para la designación de los consejeros electorales de las entidades federativas, y a pesar de los lineamientos y convocatorias expedidas por el INE, al día de hoy existen quienes todavía creen que su ingreso a los Organismos Públicos Electorales Locales (OPLES) depende de la exclusiva voluntad de los partidos políticos.

A diferencia de esa errónea percepción, el procedimiento de designación que se encuentra en marcha, deja que sean los propios aspirantes los que en gran medida decidan su suerte, ya que solamente los más calificados de los tres mil 287 aspirantes que el 2 de agosto concurrieron al examen de conocimientos y que comprobaron cumplir con los requisitos establecidos, pasarán a la siguiente etapa. En este sentido, el gran filtro en este proceso es el examen, ya que dejará fuera a dos mil 387 aspirantes, y pondrá la atención en las 25 mejores calificaciones tanto de mujeres como de hombres de cada uno de los 18 estados que tendrán elecciones en 2015, quienes concurrirán el próximo sábado 23 de agosto a realizar un ensayo presencial sobre diversos tópicos vinculados a la reciente reforma electoral.

A diferencia del examen, dirigido a evaluar el grado de conocimientos que sobre la materia electoral y la evolución democrática de nuestro país poseen los aspirantes, el ensayo busca evidenciar su capacidad de advertir aquellos problemas concretos a los que se enfrentarán en el ejercicio de su función como consejeros, analizarlos desde la concreta realidad del estado al que pertenecen o desde la dimensión nacional, advertir su relevancia dentro del entorno público y plantear escenarios y soluciones que demuestren su experiencia, formación especializada, compromiso democrático y visión política.

Así como la primera etapa ha sido conducida con rigor por el Ceneval, la segunda se ha encomendado al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en donde se ha dispuesto que un notable grupo de académicos evalúen a través de parámetros objetivos los ensayos de los 900 aspirantes.

Sólo en el momento en que se tengan los resultados del ensayo, los partidos políticos tendrán derecho a opinar y, en su caso, ejercer un veto objetivo y fundado hacia algunos aspirantes. Esta información servirá para que el INE determine los 21 aspirantes que accederán por estado a la etapa final, en la cual se llevará a cabo una entrevista que permitirá advertir, frente a frente, la idoneidad de los aspirantes, ya que sobre la mesa estarán los resultados del examen, del ensayo, el curriculum vitae, las observaciones de los partidos y la información que adicionalmente haya recabado el INE. Esta etapa será esencial para que los consejeros del INE determinen los mejores perfiles para integrar las listas, y para que definan quién será el consejero presidente y los seis consejeros que será presentada al Consejo General para su aprobación.

Como es evidente, el proceso en su conjunto deja en los propios participantes, en su formación, habilidades, aptitudes y desempeño profesional, la definición de las posibilidades reales de sus respectivas aspiraciones. El peso que ahora tienen los partidos es marginal pero importante, y la responsabilidad institucional del INE es total y necesaria.

Si este proceso sale bien, la reforma habrá cumplido con creces una de sus principales exigencias; pero si el desempeño de las nuevas autoridades es adecuado, no hay duda que el objetivo de elevar y estandarizar la calidad con las que se organizan los comicios a lo largo y ancho del país, hará de esta contestada reforma, una modificación exitosa.

@AstudilloCesar